Mundial 2026: México ya comenzó a ganar fuera de la cancha
Irene Muñoz
Apenas han transcurrido los primeros partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en territorio mexicano y ya es posible realizar un primer balance de sus efectos turísticos y económicos. Aunque todavía falta gran parte del torneo, las sedes mexicanas han demostrado algo que pocas veces ocurre en eventos de esta magnitud, su capacidad de convertir un espectáculo deportivo en una plataforma de promoción internacional, consumo local y posicionamiento de destino.
Los números proyectados antes del torneo eran ambiciosos. Diversas estimaciones gubernamentales y privadas calcularon una derrama económica nacional superior a los 60 mil millones de pesos, más de 5.5 millones de visitantes adicionales y un impacto económico que podría oscilar entre 1,800 y 4,000 millones de dólares. Incluso organismos empresariales esperan para la Ciudad de México una derrama cercana a los 27 mil millones de pesos derivada de sus partidos y actividades paralelas.
Sin embargo, más allá de las proyecciones, lo que ya puede observarse es un fenómeno difícil de cuantificar únicamente con cifras y este es contar con plazas públicas llenas, restaurantes con alta demanda, servicios de movilidad operando a máxima capacidad, actividad comercial en corredores turísticos y una exposición mediática internacional que coloca nuevamente a México en el centro de la conversación global.
La inauguración en Ciudad de México dejó imágenes que dieron la vuelta al mundo. Sin importar los movimientos político-sociales del momento, más de 80 mil aficionados asistieron al partido inaugural y miles más participaron en activaciones y eventos paralelos, consolidando a la capital como una de las grandes anfitrionas del futbol mundial. Guadalajara, por su parte, ha capitalizado su riqueza cultural, gastronómica y turística para atraer visitantes que extienden su estancia más allá de los noventa minutos de un partido, generando beneficios directos para hoteles, restaurantes, operadores turísticos y comercios locales.
En el caso de la sede Monterrey (que hay que recordar que realmente es en Guadalupe en donde se encuentra el estadio), los resultados son particularmente relevantes. La ciudad vivió una extraordinaria llegada de aficionados internacionales durante su primer partido mundialista, destacando especialmente la presencia de miles de seguidores suecos y tunecinos que transformaron calles, restaurantes, plazas y corredores turísticos como el Parque del Agua, en una auténtica fiesta internacional. Las imágenes de ambas aficiones conviviendo en la ciudad confirmaron algo que pocas veces se logra medir con anticipación y Nuevo León se ha consolidado como un destino atractivo para los visitantes internacionales que buscan vivir la experiencia mundialista más allá del estadio.
Esta tendencia ya había sido identificada incluso antes del inicio del torneo. Un análisis publicado el 5 de junio por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) reveló que Monterrey se ubicaba entre las ciudades mundialistas con mayor crecimiento en reservaciones aéreas internacionales respecto al mismo periodo de 2025. Mientras algunas sedes registraban incrementos moderados, el aeropuerto de la captial neolonesa alcanzó un crecimiento de 7% en reservas de vuelos, colocándose entre las ciudades con mejor desempeño de toda la Copa del Mundo. Solamente Kansas City registró un crecimiento superior con 8%, seguida de Monterrey con 7% y Miami con 6%. En un segundo grupo aparecieron Boston, Los Ángeles, Vancouver y Toronto con incrementos de 4%. El dato es especialmente relevante porque refleja decisiones de viaje tomadas meses antes del torneo y confirma el creciente interés internacional por la sede regiomontana.
Además, la sede Monterrey se prepara para uno de los momentos más simbólicos del futbol mundial. El próximo encuentro entre Japón y Túnez marcará el partido número 1,000 en la historia de las Copas del Mundo de la FIFA, un hecho que por sí solo coloca a la ciudad en los libros de historia del deporte. La expectativa internacional alrededor de este encuentro es enorme y se prevé la presencia del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, así como integrantes de la Familia Imperial Japonesa, lo que incrementará aún más la atención mediática global sobre la ciudad y sobre México.
La expectativa generada por Japón merece una mención especial. Pocas aficiones en el mundo movilizan tantos seguidores internacionales como la japonesa. Su reconocida cultura de respeto, organización y pasión por el futbol ha generado un importante flujo de visitantes hacia Nuevo León, fortaleciendo la ocupación turística y la actividad económica asociada al torneo. La presencia japonesa, sumada a la de aficionados europeos, africanos y latinoamericanos, está convirtiendo a esta sede en uno de los principales puntos de encuentro multicultural de esta Copa del Mundo.
También es importante poner en contexto algunas interpretaciones sobre la ocupación hotelera. Medir el éxito turístico de un Mundial únicamente a través de los datos reportados por asociaciones hoteleras es utilizar una fotografía incompleta de una industria que cambió hace años. Miles de visitantes hoy se hospedan en departamentos, residencias y alojamientos comercializados mediante plataformas como Airbnb, además de reservas gestionadas a través de buscadores, metabuscadores y aplicaciones de viaje. Si no se incorporan estos datos al análisis, se corre el riesgo de subestimar tanto el número real de visitantes como la derrama económica generada. El turismo de 2026 ya no puede medirse con herramientas de 2010.
Por supuesto, también han surgido voces que buscan evaluar el Mundial exclusivamente desde indicadores inmediatos. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que los beneficios de una Copa del Mundo trascienden el mes de competencia. Barcelona después de 1992 y Alemania después de 2006 son ejemplos claros de cómo la exposición global puede convertirse en crecimiento turístico sostenido, inversión y posicionamiento internacional durante años.
México apenas está jugando los primeros minutos de este Mundial. Pero lo que ya muestran las sedes mexicanas es contundente, hay visitantes, consumo, ocupación de espacios públicos, generación de promoción internacional y existe una narrativa positiva que coloca nuevamente al país frente a millones de personas alrededor del mundo. La derrama económica seguirá acumulándose partido tras partido. El verdadero reto será convertir la emoción de estas semanas en una ventaja competitiva permanente para nuestras ciudades y para nuestro país ya que los mundiales duran un mes; el legado, cuando se trabaja bien, puede durar décadas.
México ya comenzó a ganar fuera de la cancha. Y este torneo apenas va en sus primeros minutos.
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