Edgar Mereles columnista

Por: Edgar Mereles Ortíz.

“Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe”
Hermenegildo García

En el momento en que los dedos golpean el teclado de mi computadora, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, hermano de Delcy Rodríguez, presidenta interina del mismo país, está anunciando la liberación gradual de presos políticos nacionales y extranjeros. Este evento tiene dos lecturas.

Primera lectura: el régimen chavista trabaja para sobrevivir. Las élites militares y políticas están trabajando con Marco Rubio, quien entendió que la opinión pública internacional ha cuestionado severamente la incursión militar para detener a Maduro, y se siente obligado a demostrar que hay eventos positivos que contribuyen a una transición política ordenada, legítima y legal.
Los chavistas también están leyendo con mucha atención el significado de la incursión, la imposibilidad de mantener la situación de las cosas como eran antes de la captura. Pero nada asegura que los próximos presos sean ellos.

Segunda lectura: la presión internacional ha sido apabullante en este tema. No hay concesiones ni tregua para los chavistas, los gringos y Trump. El concierto internacional puso de manera especial una agenda relevante para garantizar la transición y que la intención de los norteamericanos no sea quedarse con el país sudamericano.
Especialmente los países europeos y organizaciones no gubernamentales con presencia mundial han documentado el intolerable y vergonzoso número de presos, torturados y desaparecidos por el Cártel de los Soles en el poder.

Tercera lectura: el régimen empieza a dar algunos indicios de debilidad. No podemos entender las palabras de Jorge Rodríguez cuando dice que la liberación de presos es un gesto de buena voluntad; no es posible que se le conceda al régimen de torturadores y asesinos el halo de santidad por un acto obligado de respeto a los derechos humanos.
No hay nada de sentido humano en la libertad de los presos políticos; todos los responsables tienen que ser detenidos, juzgados y sentenciados.

Hace unos años mi gran amigo Luis Miguel Pérez Juárez hablaba de los eslabones de la transición, y la libertad de los oponentes a un régimen autoritario es uno de ellos.

2. Puede traducirse en cárcel.

Casi todo lo que hizo Andrés Manuel López Obrador en su gobierno han sido errores. Pero hay de errores a errores por sus consecuencias, tal es el caso de la Estrategia Nacional de Búsqueda Generalizada, que tenía el noble, necesario y urgente propósito de llevar un registro de las personas desaparecidas en nuestro país.
Ante el grave fenómeno que se ha vivido y que en los últimos siete años se ha exacerbado, el cacique macuspano dio órdenes para manipular los números y evitar que la realidad construyera la percepción de que en su administración eran más de cien mil los desaparecidos.

El sitio “A dónde van los desaparecidos.org” publicó un severo y contundente análisis sobre los “errores” que en el gobierno anterior se cometieron al construir el Censo de personas desaparecidas localizadas y no localizadas. Inicia con esta inobjetable redacción:

“La Estrategia Nacional de Búsqueda Generalizada (ENBG), creada en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador para dar certeza sobre el número ‘real’ de desapariciones, fue abandonada en este sexenio por una suma de ‘graves errores’ que hizo imposible validar la información reunida desde su inicio, en mayo de 2023.
Estos incluyen —según fuentes consultadas por este medio— la falsificación en los formularios de firmas de víctimas que presuntamente habían sido localizadas y de funcionarios que les daban validez, la pérdida de centenares de cuestionarios realizados a familias de personas desaparecidas y el borrado de nombres del registro oficial sin formalizar el proceso”.

Hoy tenemos un pantano en la burocracia federal y los números optimistas del actual gobierno por lo menos carecen de rigor científico y verdades jurídica y social.
Las omisiones, responsabilidades y decisiones de López Obrador pueden ser motivo de una acción penal, frase que escuché en el país de las maravillas.

3. Somos México con ciudadanos, no con castas.

El nacimiento de un nuevo partido político obedece a que los vigentes en su registro y funcionamiento no son del agrado de la ciudadanía, es decir, no se sienten representados.

Por diversas razones, un puñado de políticos profesionales se dieron a la tarea de construir una nueva opción donde haya más ciudadanía que militancia, más causas que dogmas y más representación social que cúpulas: Somos México.

En este último punto me debo detener. Uno de los argumentos de los dirigentes de Morena y de personas sin identidad partidista es que Somos México es una alianza cupular de personajes que representan a la casta dorada del extinto PRD, del IFE-INE y de otras expresiones empresariales y políticas, que más allá de una política amplia, convergente e innovadora, son personas que perdieron privilegios, poder e influencia.

En esta semana trece personajes de Morena asistieron a una reunión con la diputada Kenia López, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Nadie sabe la agenda, nadie sabe los acuerdos, pero principalmente, nadie sabe quién eligió, designó o dispuso que esas trece personas fueran las que asistieran en representación de decenas de miles.

Somos México no puede ni debe repetir, mantener o aplicar mecanismos de interlocución con todos los demás sin consensar y abrir la participación de todos en todas las mesas.
Los próximos dirigentes de Somos no pueden sostener los viejos paradigmas que enterraron a los perredistas y que tienen en el velatorio a los priistas. Alerta: muchos se empiezan a incomodar.

Buen viernes.
Excelente fin de semana.

Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca, a 9 de enero de 2026.