Fue a mediados del siglo XVI, en el contexto de La Conquista, que España impuso sus reglas gramaticales y culturales sobre nuestras tradiciones y territorio, entonces estableció que “México” (y otras palabras escritas con “X”) debían cambiar el morfema por la letra “J”.

Para la Real Academia Española era una simple cuestión fonética y gramatical, para un país cuya historia reside en una lengua muy distinta al español, esto representaba una falta muy grave, pues la RAE invalidaba con este pensamiento y acciones, todos esos años de historia prehispánica.

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Esta situación tenía una fuerte connotación identitaria, no sólo porque muchos lugares de nuestro territorio llevasen en su nombre a la letra “X” con sus diferentes sonidos, sino porque con este hecho se borraba del mapa a las culturas prehispánicas, estableciendo como verdadera y real todo a partir del período de colonización.

Seguramente te has puesto a pensar por qué la palabra “México” tiene un sonido distinto a la “X”, pues en algunas palabras como “Xochimilco” o “Xoloitzcuintle” suena similar. La respuesta a esta cuestión tiene que ver con un proceso en el que intervienen costumbres europeas, específicamente españolas.

Tuvieron que pasar 3 siglos para que, en la Independencia, la población mexicana hiciese notar su descontento y rechazo hacia el proceso de castellanización y se reconociese así que México se escribe con “X” y no de otra manera.

A pesar de todo, todavía 100 años después y a finales del siglo, la Real Academia Española (RAE) aceptó que el nombre de nuestra nación podía escribirse con la letra “X” y ese uso era correcto. No obstante, también podía escribirse con “J”, Méjico. Evidentemente, México jamás ha admitido o declarado que esta sea la forma en que debe escribirse nuestro nombre pues se trata solamente de las normas que España ha establecido como lo aceptable.

Este acto por parte de la RAE, se mantuvo vigente aún hasta nuestros días y más que aportar puntos a favor de la institución, usuarios en internet dejaron de reconocerle porque al declarar que se “podía” escribir también con “X”, más que aceptar nuestra cultura e historia, fue como dar a entender que aunque no fuese correcto, estaba bien hacerlo.

Por lo anterior y porque se trata de un hecho con carga académica, restándole completo valor a toda la tradición de un país, la indignación se hizo notar.

“Desde que abrimos en esta tierra los ojos de la inteligencia los en ella nacidos, el nombre de la patria vímosle escrito con x. La x ha sido una letra ya consagrada por larga tradición. Tiene algo de hierático y sagrado. Alterar el nombre, ya como estereotipado, de la tierra natal, de la Nación que reconocemos por nuestra, parece una especie de profanación contra lo que protesta el sentimiento. Quitarle a México la x es como si al águila de nuestro escudo se le suprimiese el índico nopal o la ondulada culebra; o como si a nuestra bandera se le cambiara alguno de sus tres emblemáticos colores. ¿No protestaría contra ello el sentimiento en consorcio con la costumbre? ¿Qué pueden las razones filológicas al lado del sentimentalismo o la pasión?”, citó Manuel G. Revilla.