En occidente, el budismo es una corriente espiritual que ha cobrado mucha popularidad, quizá porque representa entre otras cosas, una forma de equilibrio frente al mundo del capitalismo veloz e intenso, en una especie de búsqueda de la paz.

Una de las paradojas de nuestro planeta es Birmania (Myanmar) que  cuenta con 74 % de la población que practica el budismo, que tiene su base práctica en: el comportamiento ético y la búsqueda de la felicidad.

La paradoja es que Birmania ha sido gobernada directa o indirectamente por los militares, quienes con mano dura han asesinado al pueblo (500 en el último mes) que pide más democracia y tal vez menos ejército.

Los militares birmanos dieron un golpe de Estado el 1º de febrero de este año, pues entre otras cosas su representatividad política se vio mermada con las últimas elecciones celebradas. ¿cómo? ¿los militares tienen un poder político en Myanmar (Birmania)? La respuesta es sí, y esto se viene arrastrando desde su proceso de descolonización, y particularmente desde 1962 cuando el poder militar comienza a gobernar este país y que se ha mantenido indirecta pero formalmente en el poder.

Birmania, como todos los países alguna vez colonizados por potencias occidentales sufre de enfrentamientos étnicos e identitarios, enfrentamientos liderados por los poseedores de la verdad que no permiten que haya una verdadera democracia. En esta ambigüedad demócrata y antidemócrata, Birmania se encuentra sumida en un laberinto del que no ha podido salir hasta nuestros días.

Sirvan estas líneas para pedir por los muertos y para que el conflicto no tenga una escalada que los lleve a una guerra. Más budismo, más tolerancia, más paz y menos guerra y soberbia.

También sirvan estas líneas para decir que cuando el poder civil y político se mezcla con el poder militar, la combinación puede ser letal, pues queda probado por la historia que el poder político con arma en mano representa la corrupción y mareo disfuncional por la concentración del poder.

La construcción de las instituciones como las reglas del juego del pacto social y, su mantenimiento, son la clave para la sobrevivencia de la democracia. Quizá, la democracia no ha cumplido con las promesas de justicia social, pero tampoco se conseguirán con las armas y la represión. Birmania es solo un ejemplo de que el equilibrio entre el sufrimiento, la aceptación de la realidad con un gran toque de ética, como lo señala el budismo, son la clave para que todos, alcancemos la felicidad. Pero las armas, nunca serán una buena idea. Se lo digo a Nicolás para que lo entienda Andrés.