El PR que le teme a la IA ya se perdió la conversación

Ana Karina fernández

Ana Karina fernández

Por: Ana Karina Fernández

Hay dos tipos de profesionales de relaciones públicas en este momento. Los que ven a la inteligencia artificial como una amenaza y los que entendieron que se trata de la herramienta más poderosa que ha llegado a nuestra industria desde la aparición de internet.

La diferencia entre ambos grupos no será filosófica. Será económica. Muy tangible!

Mientras unos seguirán cobrando por tareas operativas que una máquina puede realizar en segundos, otros utilizarán esa misma tecnología para multiplicar su capacidad estratégica, aumentar sus resultados y convertirse en verdaderos arquitectos de influencia.

Conviene y es por demás necesario decirlo sin rodeos: La inteligencia artificial no viene a sustituir a los profesionales de relaciones públicas. Viene a sustituir a los profesionales de relaciones públicas que hacen únicamente tareas sustituibles. Commodities!

Porque ningún algoritmo puede sentarse frente a un gobernador, negociar una crisis reputacional con un consejo de administración, construir confianza con un periodista durante años o leer el contexto político de una coyuntura compleja.

Pero sí puede hacer en minutos lo que antes consumía horas.

Y ahí es donde aparece la ventaja competitiva.

Durante décadas, una parte importante del trabajo de comunicación consistía en investigar, recopilar información, redactar documentos, monitorear medios, analizar tendencias y preparar reportes.

Hoy, gran parte de esas actividades puede acelerarse de forma dramática.

Un comunicado que antes requería tres horas puede desarrollarse en veinte minutos.

Un análisis de medios que consumía una jornada completa puede realizarse en cuestión de minutos.

Una investigación preliminar sobre una industria puede obtenerse en segundos.

La pregunta ya no es si debemos usar inteligencia artificial.

La pregunta es por qué alguien seguiría compitiendo sin ella.

Para un profesional de relaciones públicas moderno, la IA debe convertirse en una extensión natural de su pensamiento estratégico.

No como reemplazo, sino como amplificador.

La primera herramienta imperdible es ChatGPT.

Más allá de redactar textos, permite construir análisis, generar escenarios de crisis, diseñar mensajes clave, preparar entrevistas, desarrollar columnas de opinión, crear discursos, sintetizar investigaciones y estructurar estrategias completas de posicionamiento.

La clave está en aprender a preguntar.

Quien domina el arte del prompt posee una ventaja profesional extraordinaria.

La segunda herramienta indispensable es Perplexity.

A diferencia de otros modelos, permite realizar investigaciones con fuentes visibles, verificar datos y construir análisis mucho más sólidos.

Para cualquier PR que necesite preparar entrevistas, columnas, conferencias o documentos ejecutivos, se ha convertido en un recurso extraordinario.

La tercera herramienta es Claude.

Particularmente útil para analizar documentos extensos, contratos, propuestas, investigaciones académicas o reportes corporativos.

Su capacidad para procesar grandes volúmenes de información resulta especialmente valiosa para consultores de asuntos públicos y comunicación estratégica.

En el terreno visual, Midjourney continúa siendo una referencia obligada.

Permite desarrollar conceptos creativos, campañas, visuales, mockups, ideas para eventos y materiales de comunicación con una velocidad impresionante.

No sustituye al diseñador pero le permite llegar más lejos.

Para video, herramientas como Runway están transformando la producción audiovisual.

Lo que antes requería equipos completos de producción hoy puede desarrollarse con una inversión significativamente menor y en tiempos mucho más cortos.

En monitoreo y análisis reputacional aparecen soluciones impulsadas por IA que permiten identificar tendencias, sentimiento, temas emergentes y riesgos potenciales antes de que se conviertan en una crisis.

Y esa capacidad predictiva tiene un valor enorme.

Porque en relaciones públicas siempre ha sido más rentable prevenir que reparar.

Ahora bien, existe un error frecuente: creer que la IA sirve únicamente para generar contenido.

Nada más lejano de la realidad.

Su verdadero valor está en la capacidad de ampliar la inteligencia estratégica.

Un arquitecto de influencia debe utilizar estas herramientas para identificar actores clave, mapear conversaciones, analizar audiencias, descubrir patrones de comportamiento y anticipar escenarios.

La información correcta sigue siendo poder.

La diferencia es que ahora puede obtenerse más rápido.

También resulta fundamental entender sus límites.

La inteligencia artificial puede equivocarse, puede inventar datos, puede interpretar incorrectamente contextos sensibles, puede ofrecer respuestas convincentes que sean completamente falsas.

Por ello, la validación humana sigue siendo indispensable.

La IA no reemplaza el criterio más bien lo exige.

De hecho, mientras más poderosa sea la tecnología, más importante se vuelve el juicio profesional.

Porque la reputación de una marca no puede delegarse a un algoritmo… y la ética tampoco.

Los mejores consultores de comunicación del futuro no serán quienes sepan más tecnología.

Serán quienes sepan combinar tecnología con criterio, con sensibilidad… con experiencia. Tecnología con inteligencia emocional.

Ese equilibrio será la verdadera ventaja competitiva.

La realidad es que estamos presenciando una transformación comparable a la llegada del correo electrónico, las redes sociales o los teléfonos inteligentes.

Muchos profesionales la subestimarán.

Otros tantos pensarán que se trata de una moda.

Muchos insistirán en trabajar exactamente igual que hace diez años.

Y probablemente terminarán preguntándose por qué dejaron de ser competitivos.

Mientras tanto, quienes adopten estas herramientas podrán gestionar más cuentas, producir mejores análisis, generar más contenido, detectar más oportunidades y dedicar más tiempo a aquello que ninguna máquina puede replicar.

La construcción de relaciones humanas.

Porque al final, las relaciones públicas siguen siendo un negocio basado en personas.

La confianza sigue siendo humana.

La credibilidad sigue siendo humana.

La influencia sigue siendo humana.

La inteligencia artificial no cambia esa realidad. Aún.

Lo que cambia es la velocidad con la que podemos llegar a ella.

Por eso, el reto para los profesionales de comunicación no consiste en decidir si utilizarán inteligencia artificial. El verdadero reto consiste en determinar si quieren ser operadores del pasado o arquitectos de influencia del futuro.

La tecnología ya llegó y la conversación ya comenzó.

Y como ocurre con toda revolución, quienes entren primero al terreno no necesariamente serán los más inteligentes.

Pero sí tendrán una ventaja que el mercado rara vez perdona.

Haber entendido antes que los demás hacia dónde se dirige el mundo.

 

Just saying…


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