La Normalización del Deterioro: México bajo la 4T

enrique torres

Enrique Torres Rivera

México no enfrenta una crisis repentina. Enfrenta un proceso sostenido de debilitamiento institucional que ha avanzado, en buena medida, con la pasividad social como telón de fondo.

El problema no es únicamente el proyecto político de la llamada Cuarta Transformación ni las decisiones de los gobiernos de Morena. El problema de fondo es más incómodo: la normalización del deterioro.

En los últimos años se han tomado decisiones de alto impacto: la cancelación de proyectos estratégicos, cambios profundos en el modelo de seguridad, el debilitamiento de los sistemas de salud, la concentración de poder y la presión sobre organismos autónomos. Sin embargo, la respuesta social ha sido menor a la magnitud de esos cambios.

No por falta de información, sino por una combinación de fatiga, conveniencia, polarización y fragmentación.

México no está colapsando de golpe; está siendo erosionado gradualmente.

Y en ese proceso, la ciudadanía ha transitado de la indignación a la resignación, y de la resignación a la indiferencia.

Ese es el verdadero riesgo.

Porque cuando una sociedad deja de exigir, el poder deja de rendir cuentas.

Hoy, más que discursos incendiarios o posturas maximalistas, lo que se requiere es una ciudadanía activa y responsable:

• Recuperar la conversación pública con argumentos, no con consignas.
• Informarse más allá de los propios sesgos.
• Participar en espacios reales, no únicamente digitales.
• Exigir resultados, transparencia y rendición de cuentas sin importar quién gobierne.

No se trata de dramatizar ni de negar avances donde los haya. Se trata de no aceptar como normal aquello que debilita al país.

La historia no juzga únicamente a quienes ejercen el poder; también juzga a quienes, pudiendo cuestionarlo, decidieron no hacerlo.

Como se plantea al final de la película Judgment at Nuremberg:

“El momento decisivo no fue el final. Fue la primera vez que sabías que era injusto y aun así participaste.”

México conserva capacidad institucional, talento social y margen de corrección. Pero ese margen no es infinito.

Ignorar los problemas no los contiene.
Postergarlos no los resuelve.

Y cuando finalmente se reconoce la magnitud del daño, casi siempre ya es demasiado tarde.


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