Otra vez esta maldita esperanza
Por: Luis Humberto Fernández
“Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores”, dice la letra de José Alfredo Jiménez y pareciera que tiene dedicatoria especial para el futbol mexicano. Cada Mundial trae esperanza y cada cuatro años, una decepción. Estamos a unos días del Mundial que menos expectativa y emoción ha generado, y de nuevo llega el sueño de tener un papel digno y no repetir lo de Qatar 2022: la peor actuación de la selección mexicana desde 1978, eliminada en la fase de grupos por diferencia de goles.
En el Mundial pasado, el entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Yon de Luisa, en tono de alarma y desesperadito prometió un paquete de reformas y una reestructuración en 60 días. Han pasado casi cuatro años y esas promesas nunca se materializaron. Prometió el regreso del ascenso y descenso, y no cumplió. Prometió el fin de la multipropiedad, y no cumplió: varios grupos siguen controlando más de un equipo. Prometió la reducción de extranjeros, y no cumplió: en la final entre Pumas y Cruz Azul, 13 de los jugadores en los onces titulares fueron extranjeros, es decir, casi el 60%. El plan, para variar, fue una farsa. El problema de fondo en el futbol mexicano y en el internacional es la corrupción. El FIFAGate, el amaño de partidos, las apuestas ilegales y el caso Billy Álvarez son ejemplos claros de la corrupción que vive este deporte.
¿Por qué esperar algo distinto este año, cuando sabemos que no se hizo nada? Se sigue jugando con la pasión de la gente, con un enfoque cada vez más mercantilista. Hoy se requieren hasta cuatro plataformas para ver todos los partidos de la Liga MX, de modo que la afición tiene que pagar más de 700 pesos al mes para seguir el torneo. Y si hablamos del Mundial: hace diez años prácticamente todos los partidos se transmitían por televisión abierta; este año una sola plataforma concentra los 104 partidos, y para verlos hay que pagar la suscripción más un Pase Mundial de mil pesos adicionales. De las entradas, mejor ni hablar: cuando se presentó la candidatura de los tres países se prometieron boletos accesibles, pero hoy el precio promedio para ver a México ronda los 32 mil pesos (casi cuatro meses de salario promedio) y para algunos partidos se venden hasta en más de 200 mil. Otro dato revelador: en 2025 todos los partidos de la selección se jugaron en Estados Unidos y no en México, por el negocio que la Federación sostiene con la promotora Soccer United Marketing. Al final queda clara la situación: les importa un comino la pasión y la emoción del futbol; lo único que les interesa es la caja registradora.
El futbol está siguiendo los pasos del box: la voracidad y la ambición están matando a la afición y pervirtiendo la pasión nacional. Si no hay cambios estructurales, no habrá ningún cambio en el futbol. De corazón espero equivocarme, pero ya veo los berreos y los dramas de los directivos que otra vez se presentan como millonarios, sin tener la dignidad de cumplir su palabra. Por eso es tan importante lo que ha hecho la presidenta Claudia Sheinbaum al crear el Mundial Social México 2026, que busca dejar un legado deportivo, social y popular. El futbol no es de las casas de apuesta, ni de los mercaderes de la pasión, ni de las plataformas: el futbol es del pueblo, y hay que devolvérselo al pueblo.
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