SIN CANDIDATO Y CON UN VOTO
No puedo decirle a la gente por quién votar pero si por quien dejar de votar, parece una forma segura de perder, sin embargo puede más el miedo que el sueño.
Votar a favor es encontrar alguien que nos hace sentir,
que entiende lo que nos arruina el día: la falta de oportunidades, la desigualdad, el tráfico, la inseguridad, un sistema de salud caótico, el alto costo de vida, la ausencia de calidad educativa y la descarada corrupción, todo confluye pero, ¿sino hay con quien?, alguien será responsable de prometer la ruptura con el continuismo.
Es pertinente advertir: “votar a favor”, no es jurar amor eterno, es ratificar que tienen 4 años para demostrar que no era mentira y “si van mal”, en la próxima con mi voto los ayudo a sacar.
El riesgo de votar a favor es enamorarse, ahora cuando el sentimiento es ciego, el político deja de rendir cuentas; del otro lado está el voto en contra, ese traduce: “el miedo de un elector por un aspirante es más grande que la esperanza en el suyo”.
Lo dicho, esto no se traduce en estupidez democrática, a veces
“peor es nada”, los votos salvan el sistema de daños reales, por supuesto no puede hacer carrera la costumbre de elegir lo menos malo, al final, casi todos son malos.
Votar no es casarse, es contratar a alguien y el elector firma el contrato, evita que el que pagó la campaña decida por él, es no regalarle un país a los que ya nos robaron.
No tengo candidato y tengo un voto, ojalá el estúpido activismo deje de buscar la reivindicación de sus razones y entienda que a veces salgo a votar “en favor de”, ó “en contra de”.
Por FREDDY SERRANO DÍAZ
Estratega Político.
