freddy Serrano

Por FREDDY SERRANO DÍAZ
Estratega Político

Mucho trabajo le cuesta a los seres humanos, abandonar el cargo para el que han sido elegidos electoralmente.

Irse tras cumplir la designación temporal, perder el protagonismo, dejar de recibir sonrisas casi siempre hipócritas y que son ocasionadas por el afrodisíaco poder; hace parte del ocaso que muchas veces, bien manejado es la llave a nuevos escenarios.

Ahora bien, que difícil es apartarse; no quieren despedirse por estar convencidos de ser los mejores, irremplazables; su combustible sigue siendo el adulador que en su momento les dijo: “aquí nunca hubo uno como usted”.

Para los que desde afuera vemos las cosas; no queda más que entender: “nunca hables mal del que se va, un día tú también te irás”, pero claro la dificultad radica en comprender que el poder embriaga y el peor trago es el que sirven los dueños de la coba, esos que te dicen genio, visionario, irrepetible.

Te aplauden hasta que se les cansan las manos… y cuando te vas, son los primeros que se sientan en tu silla sin mirar atrás. Creer ese cuento es el primer paso para terminar siendo anécdota en un pasillo.

Irse a tiempo no es de cobardes, es de estrategia, es entender que un cargo no es herencia, está en renta y todo arriendo se acaba.

No es extraño ver desolados mandatarios peleando con la realidad, demandando al tiempo y rogándole a la historia que no los borre, esos a los que les cuesta asumir: “la historia no negocia con tercos”.

La gente tendrá siempre en su retina al que se va digno y olvida rápido al que se aferra como garrapata. Deberás da lástima ver a un ex poderoso mendigando protagonismo, tuiteando de madrugada, creyendo que su opinión sigue importando a alguien, ya nadie contesta el teléfono y con los años casi todo se olvida, menos los escándalos.

SI el presente les da un micrófono, deben usarlo, ojala aprendan a ensayar su despedida, asumiendo siempre que: “se gana con estrategia y se pierde con ocurrencia*, luego también para irse, el que se va sin plan, se va como llegó: estorbando a alguién.


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