México y EE. UU: Históricamente socios en conflicto
Por: Salomón rosas
Tomemos en consideración las siguientes aseveraciones: “México de ninguna manera es un vecino tranquilo”; “Ningún país en el Hemisferio Occidental, y muy pocos en cualquier otra parte, influyen en Estados Unidos más que México …”; “Probablemente ninguna relación bilateral en el mundo sea más compleja …”; “Lo que ha quedado mucho más claro en los últimos años, es que también lo que sucede en México puede afectar sustancialmente a Estados Unidos”; “Estados Unidos tiene un interés estratégico más general en la estabilidad de México, pues se vería amenazado si hubiera agitación grave —que crea incertidumbre— en su vecino del sur, y le perjudicaría un gobierno mexicano muy hostil que surgiera de una crisis socioeconómica profunda”.Pongo para el análisis que cuando “México revocó su convenio sobre pesca con Estados Unidos a finales de diciembre de 1980. Poco tiempo después, en disputas distintas, México anunció que no permitiría que barcos camaroneros y de atún de San Diego surcaran sus aguas territoriales. El presidente José López Portillo advirtió que la política de Estados Unidos en América Central podría conducir a otro Vietnam”. Bueno, las anteriores son algunas notas que tomé hace algunos años del Capítulo V, intitulado “Estados Unidos y México”, del libro “Socios en Conflicto. Los Estados Unidos y Latinoamérica” (Partners in Conflict. The United States and Latin America) de Abraham Lowenthal, mismo que fue editado por la Johns Hopkins University Press, Baltimore, en 1987, y que leí a finales del año 2015 a sugerencia de un buen amigo después de mi nombramiento y antes de viajar a EE. UU. para desempeñarme como Cónsul Titular en San Bernardino, California. Sin duda, esta fue una de las lecturas que para mí resultaron de gran utilidad para poder desempeñar mejor el cargo y las tareas del encargo así como la responsabilidad institucional de representar a mi país desde principios del 2016 hasta el último día de noviembre de 2018 en una región que refleja todos los contrastes de nuestra vecindad dado que ese Consulado Mexicano abarca una circunscripción de dos Condados (Riverside y San Bernardino -el más extenso en territorio de la Unión Americana-), en la que hay 53 ciudades, en la que viven y trabajan alrededor de 3.5 millones de mexicanos y mexicanoamericanos de primera y segunda generación, y en la que se estima que 350 mil de ellos son indocumentados/ilegales, y que, a la vez, es la región económicamente más prospera y de mayor crecimiento de California y por tanto de todo Estados Unidos.
Revisar la historia es fundamental para entender la complejidad y profundidad de la relación bilateral. Aquella, también era una etapa de alta tensión entre ambos gobiernos y también nos tocó vivirla con el señor Donald Trump (DT) en el poder: Donald Trump ya estaba en campaña para ser Presidente y ganó las elecciones en noviembre de 2016 asumiendo el cargo el 20 de enero de 2017 caracterizando su administración por una política de “Estados Unidos Primero”, en la que impulsó la reforma fiscal de 2017, la desregulación económica, la imposición de aranceles comerciales (especialmente a China) y una política migratoria estricta, incluyendo la separación de familias en la frontera. Todos recordaremos sus amenazas de construir un muro en la frontera con México para, según él, frenar la migración y también su tono despectivo e injurioso hacia los mexicanos cargado de un racismo brutal en su discurso y sentenciando que habría redadas -propiciando un miedo enorme en la población hispana-, y anunciando deportaciones masivas porque, según él, los inmigrantes dañaban a su país y abusaban de sus bienes y servicios. La administración estadounidense, en el primer periodo de DT, se enfocó en el conservadurismo social, el nombramiento de jueces conservadores, la retirada de acuerdos internacionales como el Pacto de París y el Acuerdo nuclear con Irán, y por supuesto una gestión polémica de la pandemia de COVID-19. Eso fue DT en su primer periodo, en el segundo que estamos viviendo se acentúa su sello personal, pero es importante no distraernos culpando a DT de lo que sucede y precisar que el principal interés histórico de Estados Unidos en México ha sido la expansión territorial primero (consolidada en el siglo XIX con la anexión de Texas y la ocupación de California y Nuevo México) y, posteriormente, el enfoque cambió hacia la seguridad fronteriza, la estabilidad económica, el comercio, el control migratorio y la seguridad energética. En síntesis, la relación entre México y Estados Unidos, aunque fundamentalmente interdependiente y comercial, ha experimentado momentos de altísima tensión a lo largo de la historia, caracterizados por conflictos armados, intervenciones militares y disputas diplomáticas severas como: La Intervención Estadounidense en México (1846-1848), resultando en la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano culminando con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo; La intervención directa en asuntos internos durante la Revolución Mexicana (1910-1919) para proteger sus intereses económicos y geopolíticos. La invasión de Veracruz (1914): Las tropas estadounidenses ocuparon el puerto de Veracruz durante siete meses tras un incidente diplomático o la llamada Expedición Punitiva en la que Estados Unidos envió más de 10,000 soldados bajo el mando del general Pershing para capturar a Francisco Villa, tras su ataque a Columbus, Nuevo México, violando la soberanía nacional; más adelante, las tensiones durante la Nacionalización del Petróleo (1938) hecha por el presidente Lázaro Cárdenas que generó una crisis diplomática y económica y donde las empresas estadounidenses exigieron intervención militar que finalmente no se dio porque el presidente Roosevelt optó por la “Política del Buen Vecino” (evitando la fuerza), la presión económica fue intensa; o el episodio de la “Guerra” contra el Narcotráfico y Caso Camarena (años 80) derivada del asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena en 1985 que provocó una de las peores crisis diplomáticas modernas y en donde EE. UU. cerró parcialmente la frontera y presionó severamente al gobierno mexicano, evidenciando una profunda desconfianza entre las agencias de seguridad de ambos países. Ya en los últimos años, y ya con Donald Trump, hemos vivido crisis diplomáticas y arancelarias derivadas de su primera gestión 2017-2020 marcadas por una etapa de alta tensión centrada en la migración y el comercio. En la actualidad, y habiendo pasado un año con tres meses y medio del segundo periodo de DT al mando (2025-2029), el panorama de mayor tensión se centra en seguridad y fentanilo en la que la presión se potencia por parte de EE. UU. para intervenir en el combate al crimen organizado con la posibilidad de una intervención militar directa lo que ha elevado la tensión diplomática a niveles no vistos en décadas.
La realidad refleja una vecindad entre México y Estados Unidos con enormes asimetrías, una interdependencia económica y la lucha mexicana por mantener su soberanía frente al expansionismo o intervención estadounidense. En ese sentido, considerar lo que Abraham Lowenthal refiere en “Partners in Conflict”que “vapulear a México ha llegado a ser parte de los discursos políticos en Estados Unidos, y los resentimientos mexicanos continúan acumulándose”; “se presentan incontables problemas entre los dos países año con año… durante mucho tiempo ha sido obvio que lo que sucede en Estados Unidos tiene influencia marcada en México. Lo que ha quedado mucho más claro en los últimos años, es que también lo que sucede en México puede afectar sustancialmente a Estados Unidos”; y que “la cobertura de México en la prensa de Estados Unidos generalmente ha sido mínima y estereotipada”.
En todo esto, habrá que estar claros entender que si bien es cierto México ha llegado a ser muy importante para Estados Unidos, Estados Unidos lo es, tal vez, mucho más para México. Si bien es cierto que México y Estados Unidos somos Socios en Conflicto con una compleja relación histórica; la proximidad y las asimetrías han determinado, determinan y determinarán nuestra relación, nuestro presente y nuestro futuro; y que es inevitable para ambas naciones el destino común. Ante los hechos recientes que presentan una coyuntura política y económica muy delicada, actuar con inteligencia, con prudencia y audacia son las claves para defender los intereses nacionales y la soberanía de México.
Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Cadena Política. El contenido ha sido publicado con fines informativos y en ejercicio de la libertad de expresión.
