Mucho alcance… poco poder… el mito del networking joven

Ana Karina fernández

Ana Karina fernández

Ana Karina Fernández

Querido lector, culto y conocedor, hablemos con honestidad… de cómo el networking generacional está roto, pero todos fingen que funciona. Ojo aquí : jóvenes con alcance pero sin poder real… mayores con poder pero sin narrativa vigente. Y en medio, un vacío que, si sabes leerlo, no es problema… es oportunidad. Touché!

Porque sí, los jóvenes dominan lo digital. Tienen velocidad, visibilidad, códigos culturales frescos. Saben qué decir, cómo decirlo y cuándo subirlo. Pero eso no es poder… es amplificación. Y la amplificación sin estructura no sostiene nada. Puedes tener millones de vistas y cero capacidad de decisión. Puedes ser tendencia y no cerrar un solo trato relevante.

Del otro lado están los perfiles consolidados. Empresarios, políticos, líderes con décadas construyendo capital real. Ellos sí mueven dinero, firmas, permisos, proyectos. Pero muchos están desconectados del lenguaje actual. No entienden la velocidad, no leen las nuevas dinámicas, no saben traducir su poder a narrativa. Y hoy, si no se cuenta, no existe… o peor, se percibe viejo.

Entonces, querido lector: qué pasa? Que ambos lados se necesitan… pero no saben cómo encontrarse sin parecer oportunistas o irrelevantes.

Aquí es donde entra la figura que casi nadie está capitalizando bien: el puente. No el intermediario improvisado que conecta por quedar bien… sino el estratega que entiende qué tiene cada lado y cómo convertir esa diferencia en valor.

Porque unir generaciones no es sentarlos en la misma mesa y esperar magia. Es diseñar contexto. Es traducir intereses. Es filtrar expectativas. Es evitar que uno se sienta utilizado y el otro subestimado.

Y te voy a decir algo que da rush: muchos jóvenes creen que su alcance les da derecho a exigir… cuando en realidad apenas están empezando a construir. Y muchos perfiles senior creen que su trayectoria es suficiente… cuando el mundo ya cambió de canal.

El error es pensar que uno está por encima del otro. No. Son piezas distintas en un mismo tablero. El problema es que nadie está moviéndolas con intención.

Yo lo veo clarísimo en eventos. Jóvenes que llegan con actitud de “a ver qué saco” y se van sin nada porque no entienden códigos. Y perfiles de alto nivel que se encierran entre ellos, repitiendo conversaciones de siempre, perdiendo la oportunidad de renovar narrativa.

Y ahí es donde el networking se vuelve estéril. Mucha interacción… poco resultado.

El verdadero valor está en diseñar encuentros donde ambos lados ganen sin perder posición. Donde el joven aporte lectura de contexto, visibilidad estratégica, lenguaje actual… y donde el senior aporte acceso, estructura, decisión. No es mentoría tradicional… es intercambio inteligente. Estratégico! Te sorprenderías de saber que mis colaboradores más creativos son exageradamente jóvenes!

Pero eso no pasa solo. Requiere curaduría. Requiere entender quién sí y quién no. Porque no todos los jóvenes tienen criterio… ni todos los perfiles senior tienen apertura. Y si no filtras bien, el experimento fracasa.

También hay un punto que pocos dicen: no todo cruce generacional conviene. Hay diferencias de timing, de intereses, de ética incluso. Y forzar esas conexiones por “inclusión” o “modernidad” es una pérdida de energía. El networking de alto nivel no es terapia social… es estrategia. Es el PR de la nueva era.

Ahora, donde esto se vuelve realmente interesante es en la monetización. Porque quien logra posicionarse como ese puente… deja de ser un contacto más y se vuelve pieza clave. No eres quien invita… eres quien construye escenarios donde pasan cosas. Y eso se paga. No con aplausos… con oportunidades, con participación, con dinero.

Pero para jugar ese rol necesitas algo más que agenda. Necesitas criterio para leer dinámicas, para anticipar fricciones, para saber cuándo intervenir y cuándo desaparecer. Porque el buen puente no estorba… facilita.

Y aquí viene la parte cruda: si no ocupas ese espacio, alguien más lo va a ocupar. Y probablemente peor. Porque el mercado ya entendió que ahí hay valor… solo falta quien lo ejecute bien.

Así que deja de ver la brecha generacional como problema. Es un desajuste… sí. Pero también es un negocio esperando estructura.

Porque al final, no gana el que tiene más contactos… gana el que entiende cómo conectar mundos que no saben hablar entre sí.

Y eso, hoy, es poder.

Just saying …


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