La Inteligencia Artificial oportunidad o amenaza
Por Enrique Jacob Rocha
Estos últimos días algunos expertos en Inteligencia Artificial (IA) escribieron sobre un acontecimiento que se dio en la incesante carrera de evolución de los modelos de IA, algo que en sus palabras, marca un antes y un después. Con instrucciones iniciales, estos sistemas generan código, proponen mejoras, corrigen errores y refinan procesos. Aprenden de sus propios resultados, lo que acorta el ciclo entre versión y versión. La innovación se acelera porque parte del trabajo ya no depende exclusivamente de humanos.
A la par, emergen agentes de IA (agentic de IA) capaces de ejecutar tareas complejas de principio a fin: investigan, redactan, analizan datos, programan, prueban y entregan resultados sin intervención constante. No estamos hablando de una búsqueda sofisticada tipo Google, estamos ante herramientas de acompañamiento que automatizan flujos de trabajo completos, que no responden una pregunta, si no que hacen el trabajo. La diferencia es estructural.
El impacto en lo económico es inevitable. La productividad puede aumentar notablemente, pero también lo hará la presión sobre el empleo, especialmente en actividades repetitivas, Dario Amodei, CEO de Anthropic, ha advertido que hasta la mitad de los empleos de oficina podrían desaparecer en un horizonte de cinco años. El Foro Económico Mundial estima que 41% de los empleadores planea reducir plantilla en funciones automatizables por IA. No es un ajuste marginal. Es una reconfiguración del mercado laboral.
Aquí entra la dimensión geopolítica. Cuando comparamos competitividad entre países solemos preguntar: ¿qué está haciendo México? No obstante la pregunta correcta es otra: ¿qué están haciendo los demás mientras nosotros estamos pasmados? En una carrera tecnológica, el esfuerzo propio no se mide en términos absolutos sino relativos. Si otros aceleran más rápido, nosotros retrocedemos aunque avancemos.
México llega a este punto con fuertes debilidades y las consecuencias de no haber hecho la tarea: Un sistema educativo que se quedó atras en habilidades digitales avanzadas. Un sector energético con incertidumbre regulatoria y costos crecientes. Infraestructura logística y digital que avanza, pero no al ritmo de la demanda tecnológica. Incentivos a la inversión inconsistentes y señales mixtas en materia de certeza jurídica, después de una reforma judicial que ya critican hasta los de la 4T (Javier Corral, senador). Esto ya era preocupante antes de la ola de IA. Ahora es crítico.
El problema no es ideológico; es de timing. La revolución tecnológica no espera a que ordenemos nuestras prioridades internas. Si no adaptamos nuestra base productiva y regulatoria, la IA será un factor de desplazamiento y no en palanca de crecimiento, como debería ser, y lo que es peor, lo está siendo en otros países que si tuvieron visión. Y peor aún, esto se da en un contexto de finanzas públicas muy comprometidas, donde la capacidad de reacción es menor.
¿Qué hacer? Dejar a un lado la retórica, ponerse las pilas y construir una agenda concreta para los próximos 24 meses.
Primero, talento. Un programa nacional de re-entrenamiento masivo (re-skilling), coordinado entre empresas, universidades y gobierno. Formación intensiva en análisis de datos, automatización de procesos, programación aplicada y habilidades cognitivas superiores: pensamiento crítico, resolución de problemas, adaptación. Ojo, no se trata de crear miles de ingenieros en cinco años, sino de actualizar a millones de trabajadores hoy.
Segundo, energía e infraestructura digital. Centros de datos requieren electricidad confiable, reglas claras y permisos ágiles. La conectividad de alta capacidad debe convertirse en política industrial, no en lujo urbano. Sin red robusta y energía competitiva, la IA se queda en presentaciones de PowerPoint.
Tercero, adopción productiva. El gobierno puede ser el primer gran cliente de soluciones de IA para mejorar trámites, fiscalización, compras públicas y servicios. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) necesitan kits de adopción: capacitación sectorial, financiamiento para digitalización y asesoría práctica para integrar IA en sus procesos. Productividad no como discurso; sino como ejecución cotidiana.
Cuarto, certidumbre y reglas. Un marco claro sobre uso responsable, protección de datos, competencia y propiedad intelectual. La innovación florece donde hay reglas previsibles. Sin confianza jurídica, el capital se mueve a otra jurisdicción, por lo que es tiempo de repensar la reforma judicial, dejar a un lado telarañas ideológicas y odios sin sentido, pensar por México y actuar en consecuencia.
El mensaje principal es que no tenemos un problema de diagnóstico, tenemos un problema de tiempo. La IA ya no es promesa; es infraestructura económica en construcción acelerada. Si México quiere competir, debe decidir rápido, invertir mejor y ejecutar sin titubeos. La ventana para prepararnos se mide en meses, no en años.
