Luis Vega

 

Por: Luis Vega

Conozco a Don Carlos hace más de 20 años y hay tres cualidades que destacan en su personalidad: el buen sentido del humor, el gusto por la comida y, lo más importante, ser un “artesano” incansable constructor de la paz y justicia.

Carlos Garfias es un hombre de una fe en Dios a prueba de fuego y una muestra es que él mismo es muestra de milagro: una de las tres veces que contrajo el COVID estuvo hospitalizado y entubado tres meses, pero por las oraciones de los creyentes de Michoacán, Guanajuato, Guerrero y de todo el país, salió con vida. En broma decía: “¡algunos padrecitos de Morelia ya me querían cafetear, pero el Señor quiere siga trabajando por La Paz en Michoacán!”.

Por su trabajo como obispo en la montaña de Guerrero, Acapulco, Estado de México y Morelia, ha tenido algunos “sustos” de los malos. En una ocasión le chantajearon pidiendo derecho de piso, de lo contrario recibiría “la cabeza de un sacerdote”, así como un cuaderno con la vida privada de miembros de la jerarquía de la iglesia católica.

El señor arzobispo de Morelia, don Carlos Garfias Merlos, anunció que el próximo viernes 9 de enero presentará oficialmente su carta de renuncia al Papa León XIV y, por motivos de edad, pasará a ser obispo emérito de la Iglesia Católica, aunque seguirá trabajando como artesano de la paz y la justicia en el país.

El desempeño de Don Carlos como sacerdote y obispo católico durante 50 años ha estado marcado por no pocas tensiones dentro y fuera de la iglesia católica, entre sus hermanos obispos y con las autoridades civiles federales y estatales.

Una de las últimas grandes polémicas que generó Garfias Merlos es cuando en un seminario de sacerdotes y agentes de pastoral que trabajan por La Paz en México, hizo un llamado a la jerarquía católica y a las autoridades a negociar y platicar con los dirigentes de la delincuencia para un acuerdo de paz.

Hubo obispos, sacerdotes y miembros de jerarquía católica vaticana que se rasgaron las vestiduras y salieron a enmendar la declaración, diciendo “lo que el arzobispo Carlos Garfias quiso decir” es que Iglesia y el Estado deben trabajar de manera conjunta por La Paz con justicia en el país.

El gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, aprovecho la ocasión e hizo públicos sus desencuentros con el arzobispo de Morelia, como respuesta del político a sentarse a la mesa del diálogo con el arzobispo.
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Pero el llamado a dialogar con lo dirigencia de los delincuentes en Michoacán y Guanajuato por parte de Don Carlos fue y es real; siguiendo el modelo de otras historias de éxito en América Latina, además como la que siguió la Iglesia de Colombia: entrega de los delincuentes, decomisar sus bienes, bajar penas y entregar al Estado la red de miembros del crimen organizado.

Entre la lista de legados que deja Don Carlos para construir la paz con justicia, resarcir el tejido social y defender los derechos humanos en Michoacán, destacan:

Promover la oración constante por la paz, especialmente en lugares afectados por violencia.

Fomentar una cultura de paz mediante el diálogo, la reconciliación y la resolución de conflictos, en la familia y entodos los espacios educativos, de formación y acompañamiento a la persona.

Establecer relaciones y el diálogo interreligioso entre las iglesias, la sociedad civil y las autoridades para coordinar esfuerzos de paz.

Atención a víctimas: Brindar acompañamiento integral espiritual, psicosocial y jurídico a quienes sufren violencia.

Formación de seminaristas y sacerdotes: Preparar agentes pastorales comprometidos con la paz y la mediación.

Actualización y observación pastoral: Mantener datos precisos sobre la realidad social para orientar las acciones pastorales.

Todo este legado, concluye Don Carlos, está encaminado a ser una iglesia y una samaritana que impulse el diálogo, la fraternidad y la reconciliación, para alcanzar la santidad personal y comunitaria.