Antero Carmona columnista

Por Antero Carmona

Desde tiempos ancestrales, los antiguos pueblos Mesoamericanos sostenían con reverencia el Culto al jaguar, dado que creían que este poderoso animal les transmitía las cualidades guerreras, dándoles la fuerza, astucia, agilidad y todos los caracteres que en él admiraban. Felino elevado a la categoría de un Dios, de incomparable sagacidad, fortaleza y valentía.

En el vasto territorio Maya, así como en La Venta, Monte Albán y Teotihuacán, rendían culto a este extraordinario felino, se formaban ejércitos completos de Guerreros Jaguar, que luchaban con la cabeza embalsamada del ejemplar formando un tocado sobre la propia testa del guerrero, y en la espalda y hombros, la piel del jaguar. Estos guerreros eran considerados un verdadero ejército de elite.

El jaguar representaba la fuerza divina y el dominio sobre todas las cosas, símbolo de energía y misticismo. Es una de las especies animales que más impacto ha tenido en la cultura e historia de México, primer actor de cuentos, leyendas, cosmogonías, rituales, cultos, manifestaciones artísticas y religiosas, el jaguar es pieza clave del mundo prehispánico y forma parte de nuestras raíces culturales.

 

Al caer la noche, el Dios jaguar reinaba sobre el inframundo maya, esto lo convertía en su custodio y era quien permitía la entrada al más allá… relato maya.

 

México enfrenta retos importantes para proteger y conservar al jaguar (Panthera onca), especie emblemática, considerada en peligro de extinción. Es el felino más grande y uno de los más carismáticos del Continente Americano, además, se considera una especie indicadora, ya que su presencia revela el buen estado de salud de un ecosistema.

 

Históricamente se distribuía desde el sur de los Estados Unidos hasta el centro de Argentina, sin embargo, su distribución y poblaciones han disminuido considerablemente a consecuencia de la destrucción y fragmentación de su hábitat, a la cacería furtiva, así como a la disminución de sus presas, lo cual ha incrementado el conflicto con el ganado.

 

De acuerdo al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el jaguar ha perdido aproximadamente el 50% de su rango de distribución histórico. El 20% de su rango de distribución ha disminuido en un período de tan solo catorce años, además, de haberse extinguido en El Salvador y Uruguay. Su hábitat está cada vez más fragmentado, lo que significa que los parches de hábitat están disminuyendo en tamaño y volviéndose cada vez más aislados y menos conectados. Las tierras que alguna vez fueron habitadas por el jaguar están siendo destruidas debido a la tala, la agricultura a gran escala, las actividades ganaderas y la expansión urbana. La fragmentación del hábitat hace que sea muy difícil para estos felinos cazar o aparearse, lo que representa una gran amenaza para el tamaño de su población y su supervivencia.

 

En México, el primer Censo Nacional del Jaguar realizado en el 2010, reveló una población de aproximadamente 4 mil ejemplares, una cifra alarmante que evidenciaba una drástica reducción de la especie en el país. El segundo censo elaborado en el 2018, refería un aumento en la población, de 4000 a 4800 jaguares en vida libre, representando un aumento de 800 ejemplares. Cabe recordar un dato interesante; el 12 de febrero de 2017 la PROFEPA decomiso cinco pieles de jaguar en un establecimiento ubicado en la Carretera Valladolid – Tizimín, en el municipio de Valladolid, Yucatán.

 

Continuando con el mismo patrón establecido, el presidente de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar (ANCJ), el Dr. Gerardo Ceballos, dio a conocer los resultados obtenidos en el tercer censo, realizado de febrero a julio del 2024, el cual, confirmaba nuevamente un aumento en las poblaciones del jaguar, con 5 326 ejemplares, lo que representa un incremento del 10% con respecto al conteo del 2018 y del 23% referente al del 2010. De acuerdo a los resultados mostrados en este censo, el 70% de las zonas donde habitan los jaguares en México se encuentran fuera de Áreas Naturales Protegidas.

 

Los datos presentados por el Censo Nacional del Jaguar han sido muy discutidos por diversos sectores dedicados a la conservación, ya que contrastan con los datos que la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y el Sistema Nacional de Monitoreo Forestal (SNMF) han publicado, referente a la pérdida de 4.77 millones de hectáreas de cobertura forestal entre 2001 y 2023. La tasa anual promedio de deforestación bruta en ese periodo fue de 207,665 hectáreas, siendo los principales motores la ganadería extensiva y los cultivos comerciales. Sobre todo, considerando que un jaguar necesita entre 2,500 y 10,000 hectáreas de hábitat para prosperar, aunque el rango puede variar entre 25 y 150 km² según la disponibilidad de presas en su ecosistema, que incluye bosques tropicales, selvas, manglares, sabanas y matorrales.

 

Mas allá de lo discutido y controversial de los resultados del Censo Nacional del Jaguar, se debe  reconocer que los esfuerzos para conservar a esta especie han sido limitados, y se carece de una estrategia sólida y responsable, la cual, sólo podrá ser alcanzada a través de una amplia participación social, lo que exige la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno, instituciones de investigación, organizaciones no gubernamentales, iniciativa privada, sociedad civil y de las comunidades rurales.

 

Los estados y municipios deben comprometerse más, que el tema jaguar sea prioritario en sus agendas públicas, crear acciones específicas para la protección y conservación de la especie y de su hábitat tendrá que ser un indicador deseable.

 

 

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