Claudia y su “relación a distancia” con México

Por: Ana Karina Fernández
Si alguien pensó que Claudia Sheinbaum llegaría a Palacio Nacional con la libreta llena de proyectos internos, con políticas públicas listas para transformar el país desde dentro, pues que se siente, porque lo que tenemos es más bien un tour diplomático con sabor a TLC… recalentado.
Porque sí, su obsesión estos meses ha sido jugar a la canciller, no a la presidenta. Y no me malinterpreten: las relaciones exteriores importan, sobre todo cuando se trata del fantasma arancelario que cada tanto se le ocurre a Washington desempolvar como si fuera un comodín político (si, ya sé que lo es!). Pero cuando tu gobierno parece más preocupado por las fotos con mandatarios extranjeros y los comunicados bilaterales que por el transporte público que sigue colapsando en CDMX (sí, señora, todavía existe el Metro), algo no está cuadrando.
El país entero esperaba un sello propio, una agenda que marcara la diferencia respecto al sexenio pasado, y lo que tenemos hasta ahora es un remix de diplomacia light, donde los temas internos se sienten como la “playlist secundaria”. Seguridad, educación, salud, movilidad… todo eso parece estar en pausa mientras el gabinete aplaude que no subieron los aranceles al aguacate.
Vamos por partes: Sheinbaum se vende como la científica, la mujer que analiza datos y toma decisiones con frialdad quirúrgica. Pero… qué pasa cuando la ciencia política aplicada a lo interno queda relegada? Pues que la narrativa internacional se convierte en cortina de humo. Y ojo, no es que esté mal fortalecer la relación con Estados Unidos, China o Europa. Lo que está mal es que mientras se firma un acuerdo comercial, los feminicidios siguen aumentando, la inseguridad sigue siendo la primera preocupación ciudadana y la confianza en las instituciones no levanta ni con grúa hidráulica.
El estilo Sheinbaum hasta ahora se siente más cercano a una presidencia administrativa de relaciones exteriores que a un liderazgo con visión integral para el país. Y eso desgasta, porque México no necesita una “PPRR” de lujo, necesita a alguien que meta las manos en el lodo interno y lo limpie, aunque se ensucie.
Algunos dirán que es pronto, que apenas lleva unos meses. Sí, es verdad. Pero los primeros pasos siempre marcan el camino, y el suyo parece más orientado a convencer a los inversionistas extranjeros que a cumplirle al votante nacional. Hasta ahora, el sello de su administración parece un slogan vacío: “Estamos bien con el mundo, aunque estemos mal en casa.”
Claudia, presidenta: México no es tu tarea secundaria ni un laboratorio para probar hipótesis diplomáticas. México es tu responsabilidad directa. Y mientras sigas jugando a la embajadora itinerante en vez de a la jefa de Estado que prometiste ser, la historia te va a evaluar con una palabra que odias: irrelevante.
Just saying…
