La Reserva Federal y el reality show más caro del mundo
Por: Ana Karina Fernández
En la novela económica que protagoniza Trump, los aranceles ya no son la trama principal: ahora el capítulo de moda es su romance tóxico con la Reserva Federal. Antes era simple: subía aranceles, el mundo entraba en pánico, y México empezaba a rezar para que el aguacate no se volviera artículo de lujo. Pero ahora, los analistas, esa fauna urbana que vive entre Bloomberg y el café frío… miran con más morbo las presiones de “ya saben quién” sobre la Fed.
La semana pasada, la Reserva Federal se plantó con dignidad de quinceañera en fiesta de pueblo: “No bajo las tasas, y si no te gusta, ni modo”. Fue un acto de independencia monetaria que, en el fondo, dice: Gracias por su intervención, señor Trump, pero aquí seguimos fingiendo que somos un organismo técnico ajeno a la política. Sí, claro.
Porque Trump, con esa sutileza que le caracteriza, quiere que las tasas bajen como si fueran piñata en posada, algo así como el ungüento, el palito y el úntamelo un tantito…No por amor al pueblo, sino porque una economía artificialmente acelerada en año electoral es la mejor campaña gratis. Y aunque la Fed no es nueva en esto de resistir presiones, sabe que si te enfrentas demasiado, el patrón te cambia la alineación.
Y adivina qué: esta semana, el patrón anunciará a su nuevo fichaje para la Fed, para ocupar la silla que dejó Adriana Kugler, miembro con voto. En términos prácticos: un peón más en el tablero presidencial. En términos políticos: un caballo de Troya con traje sastre.
Los mercados, como vecina chismosa que escucha detrás de la cortina, ya especulan si el nuevo nombramiento inclinará la balanza hacia una Fed más dócil. Y aunque la institución se envuelva en ese discurso de “somos independientes”, todos sabemos que la independencia dura lo que un secretario de Hacienda mexicano que no obedece la línea presidencial.
Mientras tanto, México observa el espectáculo como quien mira una pelea de borrachos ajenos: con miedo a que una silla (o un arancel) vuele en nuestra dirección. Porque si Trump logra tener una Fed hecha a su medida, las decisiones sobre tasas allá podrían golpear el peso, el crédito, la inversión… y sí, el precio del aguacate, otra vez.
Pues si querido lector: el ajedrez de la Fed no va de economía, va de poder. Y Trump no quiere solo mover las piezas: quiere quedarse con el tablero, la caja y hasta las fichas de repuesto.
Si controla la Fed, no solo moverá la economía… también moverá el mundo a su antojo, y sin pedir factura (de pedir un vale ni hablamos!). En este punto en inquilino de la Casa Blanca ya suena como un lobo dando clases de veganismo.
Just Saying …
