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Por: Shanat

Bajar de peso no es solo cuestión de “comer menos y moverse más”, aunque eso suene bonito en un meme de Instagram. Hay varios factores, y algunos son más profundos que simplemente contar calorías, Vamos a desmenuzar uno a uno.

La calidad de lo que consumes importa y mucho. No es lo mismo comer 1500 calorías de papitas, pan dulce y refrescos, que 1500 de verduras, proteínas y grasas saludables. Aunque en apariencia los números son iguales, el cuerpo no procesa igual los alimentos. La comida ultra procesada genera inflamación, picos de insulina, hambre constante y hasta mal humor.

La cantidad si es importante, pero no lo es todo. A veces creemos que “comemos poquito”, pero ese poco esta súper cargado de calorías vacías. Otras veces comemos bien entre semana, pero el fin de semana y el exceso nos borra todo el esfuerzo de los días anteriores. La clave no es comer menos, sino comer mejor.

El cuerpo tiene memoria. Si llevas años de dieta extrema, rebote tras rebote, tu cuerpo aprende a sobrevivir con menos. Eso puede hacer más lento el metabolismo. No es que esté descompuesto, es que está protegiéndose. Y lo hace muy bien, aunque a nosotros nos frustre.

Las hormonas no se quedan atrás. Las mujeres, por ejemplo, tienen ciclos hormonales mensuales que afectan el apetito, el humor, la energía y la forma en que el cuerpo usa la grasa. El estrógeno, la progesterona, la insulina, el cortisol… todos están bailando juntos. En los hombres, la testosterona juega un papel clave en el metabolismo, la fuerza y la masa muscular. Si esta baja, la perdida de grasa también se frena. No es flojera, es química.

Estrés, sueño y emociones, saboteadores. Dormir poco puede afectar la hormona de la saciedad y aumentar la del hambre. Estas cansado, comes más. Estás estresado, el cortisol sube y almacenas grasa, especialmente en el abdomen. Y si comes por ansiedad, tristeza o aburrimiento… el cuerpo no distingue entre hambre emocional y física.

La diferencia entre hombres y mujeres si existe. Los hombres suelen perder peso más rápido por tener más masa muscular (queman más calorías en reposo). Las mujeres, por cuestiones hormonales y biológicas, suelen necesitar un enfoque más cuidadoso, sobre todo después de los 30 o durante cambios hormonales (embarazo, lactancia, menopausia).

¿Qué hacer entonces?

Empieza por revisar tu alimentación, pero no solo en cantidad, sino en calidad. Observa tus hábitos: sueño, estrés, emociones. Y si sientes que a pesar de todo esfuerzo no logras avanzar, consulta con profesional para que revise tus niveles hormonales y en sangre. Habrá que buscar la raíz del problema. Porque no estás descompuesto, siempre hay una razón detrás que impide tu avance. Solo hay que mirar con más profundidad.