Lionel Messi volvió a reinar y, tras un año en el que debido a la pandemia del coronavirus el premio quedó desierto, fue proclamado este lunes ganador del Balón de Oro en París, el séptimo de su carrera y segundo consecutivo de una colección que comenzó en 2009.

Avalado por la Copa América que conquistó con Argentina y de la Copa del Rey ganada en abril con el Barcelona, al margen de su trofeo de máximo goleador en la Liga española antes de marcharse al PSG en agosto, el astro argentino cumplió con los pronósticos que le catalogaron como el máximo favorito a pesar del discreto papel desempeñado durante sus primeros meses en Francia.

Pero el mundo del futbol premió una vez más sus merecimientos para,  constatar que su estrella sigue siendo la más brillante del planeta, camino de los 35 años y convertido ya sin discusión en el futbolista de referencia de toda la historia.

Cerradas las votaciones el 24 de noviembre y después de varias semanas de especulaciones respecto a la posibilidad de que pudiera sumarse otro nombre a un palmarés que desde 2008 dominaron Messi y Cristiano Ronaldo con la excepción de 2018, cuando el vencedor fue el croata Luka Modric, los merecimientos del astro argentino volvieron a ser indiscutibles a través de la regularidad y capacidad mostrada a lo largo de todo el año, en el que no solo fue vital en el Barça sino que lideró con excelencia a su selección antes de adaptarse a su nueva vida en París.