En el G20 los líderes mundiales acordaron este sábado en Roma la adopción de un impuesto mínimo global de sociedades de al menos el 15%, como medida para lograr un sistema tributario más justo y evitar que las empresas se beneficien de regímenes fiscales complacientes y no paguen impuestos en los países en los que operan, informaron fuentes conocedoras de las sesiones, que se celebran a puerta cerrada.

Según las fuentes, los líderes alcanzaron este histórico acuerdo tras cuatro años de intenso debate, un sistema que estará basado en dos pilares y que abordará los retos fiscales que plantea la digitalización y globalización de la economía.

El mecanismo, que se adoptará para 2030, sigue el camino ya trazado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de un sistema sustentado en dos pilares: una tasa de al menos el 15% del beneficio para grandes multinacionales y el pago de impuestos tanto en el país que albergue la sede central como en los países en los que operen.

Los líderes conversaron en la primera ronda sobre la aprobación de la nueva emisión de derechos especiales de giro por parte del FMI y el mecanismo innovador para su reasignación.

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, hizo un señalamiento en su intervención sobre la elevada deuda de más de 46.000 millones de dólares del país con el Fondo Monetario Internacional (FMI) “condena a generaciones” y cargó contra “el capitalismo de la producción” y “la lógica de la especulación financiera”.

Antes de partir hacia Roma, Fernández, cuya agenda incluye una reunión con la directora gerente del FMI Kristalina Georgieva, advirtió antes de partir que Argentina “no se va a arrodillar” ante la institución financiera.

“No hay inocentes en esa historia. Son tan responsables los que se endeudaron sin atender las ruinosas consecuencias sobrevinientes, como los que dieron esos recursos para financiar la fuga de divisas en una economía desquiciada”, añadió en su comparecencia de hoy, a puerta cerrada, según fuentes oficiales.

“El actual sistema, que prioriza a la especulación sobre el desarrollo de los pueblos, debe cambiar. La deuda externa que mi gobierno heredó con el FMI y que hoy estamos afrontando es un claro ejemplo de lo que está mal: única en la historia por su monto y por sus condiciones de repago, aprobada para favorecer a un gobierno en la coyuntura, acaba condenando a generaciones que miran impávidas el destino que le ha sido impuesto”, insistió Fernández.