México tuvo la oportunidad de disfrutar de dos eventos que permanecerán en la memoria de aficionados y especialistas.

Se trató de una superluna y también de un eclipse lunar, la cual también se conoce como “Luna roja” o “Luna de Sangre”.

De acuerdo con Lucas Paganini, científico de la NASA se le denomina superluna porque es el momento en el astro lunar se encuentra más cerca de la Tierra, por lo que se ve un poco más brillante y más grande de lo normal.

Cada mes, este cuerpo celeste pasa por el perigeo, que es el punto más cercano a nuestro planeta, de acuerdo con información de la agencia espacial. Cuando el cruce con el perigeo se combina con una luna llena, es entonces que tenemos una superluna.

Este evento se volvió más especial debido a que la superluna ocurrió al mismo tiempo que el eclipse lunar.

“Uno de los motivos por los que se llama ‘luna de sangre’ es por su color rojizo. Este tipo de luna se produce durante los eclipses lunares totales. Cuando ocurren, la Tierra se sitúa entre la Luna y el Sol, tapando la luz del Sol que se refleja en la Luna”, se puede apreciar esta leyenda en la página oficial de la agencia.

El tono rojizo sucede por un fenómeno de luz solar que atraviesa la atmósfera y lo que ocurre es una separación del tipo de la luz solar, lo que se termina viendo en la Luna es la reflexión de la luz roja sobre la superficie lunar.

Las etapas del eclipse, que duraron poco más de una hora, ocurrieron simultáneamente para todos los que pueden ver la Luna, pero los tiempos reales del reloj dependen de cada zona horaria en donde es observada.

Durante la fase total de un eclipse lunar, nuestra atmósfera actuó como una lente, doblando o refractando algunos de los colores rojizos, que por ejemplo se pueden apreciar al amanecer y al atardecer, hacia la sombra de la Tierra. Cuando esos colores caen sobre la luna, nuestro satélite natural parece brillar con un color rojizo, de ahí la referencia a la sangre.

Para observar el eclipse no fue necesario el uso de telescopios, binoculares o filtros especiales, por lo que los interesados en verlo no tuvieron más que mirar al cielo y fascinarse.