La Cámara de Diputados aprobó en lo general la minuta con cambios del dictamen para el uso lúdico de la marihuana, con el que se despenaliza la posesión de hasta 28 gramos de marihuana a los mayores de edad. La decisión es histórica puesto que con ella México se  suma a la ola de naciones que han comenzado a despenalizar el uso de sustancias consideradas ilegales y ello no es cosa menor, la historia de las últimas cuatro décadas nos enseña que la prohibición genera más problemas de los que trata resolver.

Más allá de si se está a favor o no del uso de ciertas sustancias, creo que ya es hora de madurar con respecto a la conversación que el uso de drogas genera. Seamos francos, legales o ilegales la gente las seguirá consumiendo, y ni el Estado, ni la población, ni el mercado salen ganando, aunque a veces parezca que sí. El gran error de los gobiernos y de la sociedad ha sido el enfoque con el que se ha tratado el consumo de estas sustancias, en ese sentido la historia reciente nos ha dado varias lecciones al respecto.

Un caso muy sonado fue la epidemia del crack en los Estados Unidos en la década de los 80. Fue un periodo de bonanza y optimismo económico impulsado por las políticas neoliberales de Ronald Reagan, pero también fue una época de una profunda crisis social derivada del consumo de la cocaína de las clases bajas, el crack.

En ese entonces, la estrategia del gobierno estadounidense consistió en ver al problema como un asunto de seguridad nacional, ello llevo a la criminalización de los consumidores, en su mayoría afroamericanos y en una serie de reacciones en cadena que provocaron violencia, malestar social, desigualdad y desde luego corrupción.

Ya sabemos en qué terminó esa historia y cómo en el propio Estados Unidos el camino para la despenalización de las drogas va avanzando, y con ello también el enfoque; el consumo de este tipo de sustancias no es asunto de seguridad pública, es un tema de salud. Los adictos no deben ser tratados como criminales; no lo son, tienen un problema de adicción y este debe ser tratado como tal.

La decisión del legislativo puede sentar un precedente para el enfoque con el que se debería tratar a las drogas y a los problemas de adicción derivados de su uso excesivo. Espero que en los años y administraciones que precedan a la actual, se siga trabajando en políticas públicas que cambien la narrativa actual, llena de prejuicios y desinformación con respecto al uso y abuso de ciertas sustancia y de sus consumidores.