Confinamiento, reapertura y adaptación

 

La situación que vive hoy la Ciudad de México es crítica por donde se le mire. El número de contagios y muertes que ha sido imparable desde diciembre está llevando a la capital al borde del colapso, sanitario y financiero. La urgencia de frenar las hospitalizaciones y con ello evitar la saturación, se mezcla con la necesidad de abrirle válvulas a la asfixiante situación económica de muchas familias que han visto en el confinamiento un miedo mayor al de contagiarse por COVID; el de no tener para comer.

En ese sentido, las decisiones que debe tomar, y que ha tomado, el gobierno de la ciudad, lo colocan en una terrible disyuntiva. Saturación del sistema hospitalario o crisis económica. Cualquiera de los dos escenarios es problemático y lo peor, es que ya los estamos padeciendo. Muchos se cuestionan sobre si el asilamiento es la solución, otros tantos afirman que la estrategia del gobierno ha sido insuficiente, y en el interín, están los muertos, los desempleados, los que siguen las reglas y aquellos que actúan como si nada.

Sobre esto habría que reflexionar. Esta pandemia ha modificado todo un estilo de vida que dábamos por sentado y si bien en un principio el miedo y la preocupación por contagiarse y contagiar a otros obligó a todos, o a casi todos, a seguir las reglas, hoy día el nivel de hartazgo y la endeble situación económica indican que la estrategia de confinamiento total se vuelve cada vez más insostenible, y no porque sea equivocada, sino porque el clima social y económico del país no sabemos cuánto tiempo más pueda resistirlo.

El periodo de asueto de fin de año, la continua llegada de extranjeros y el hecho de que México haya escalado del puesto siete al tres en turismo a nivel mundial, ofrecen una panorámica del estado de ánimo de muchos, que pese al hecho de que el virus esté lejos de controlarse, han viajado, hecho fiestas y asistido incluso a festivales masivos, como el que sucedió en Tulum a finales del año pasado. Estos hechos han indignado a muchos, sobre todo a aquellos que acatan las reglas de distanciamiento social.

Yo enfermé de COVID hace unas semanas y fue una experiencia dura. Intentó no juzgar a aquellos que se saltan las reglas y actúan como si no existiera un virus mortal allá fuera. Entiendo que el índice de mortalidad es relativamente bajo comparado con otros padecimientos y que la mayoría de la genta la libramos. Trato de entender el hartazgo de muchos, ante el confinamiento, la falta de trabajo, el daño psicológico y emocional que todo esto provoca…

Por otro lado, haciendo un ejercicio de empatía, también pienso en el personal de salud, que ha vivido un año durísimo; pienso en aquellos que no sobrevivieron al virus y que lo padecieron en condiciones paupérrimas, sin respirador, sin cuidados intensivos; pienso en las personas que perdieron a un familiar, un amigo o a alguien cercano; pienso en aquellos que perdieron su trabajo y que hoy día apenas si logran subsistir; pienso en quienes no pueden darse el lujo de quedarse en casa y tienen que salir todos los días a exponerse para que todos tengamos servicios básicos funcionando…

Sí, ya se ha dicho hasta el cansancio. La pandemia ha sido una dura prueba para ver hasta qué punto podemos ayudarnos como comunidad y sociedad. Esa sigue siendo la lección. Sin embargo, toca a cada uno, según veo el estado de las cosas, salir de esto según su circunstancia. Por lo pronto, la capital seguirá en semáforo rojo hasta mediados de este mes y aunque la vacunación masiva está por iniciar, las perspectivas económicas siguen siendo poco amables y la tensión social va en aumento.

Sin ánimos de sonar aleccionador o de soltar un sermón moral, hablo aquí desde mi experiencia personal sobre la difícil situación por la que atravesamos. Me queda claro que cada individuo ha tratado de salir de esto cómo ha podido, en lo que a mí respecta, seguiré en la línea de cuidarme y cuidar a otros, por ahora esa es la única salida viable. Este es un momento de adaptación y hay que mirarlo como tal. Nuestro reto como sociedad es entender que la dinámica ha cambiado, habrá confinamiento, habrá crisis, sí, la pregunta es ¿cómo nos vamos a adaptar a estos cambios?

 

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