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Cuando el minino fue descubierto debajo del atril presidencial, la duda arañó la alfombra guinda — ¿qué hacía un felino oyendo prédicas políticas?

A los ojos de los expertos en seguridad nacional, no haberlo detectado era, fue y es un descuido grave de los agentes especiales encubiertos.

Era como dejar cadáveres insepultos y pestilentes para los zopilotes —los críticos dirían que cualquier gato se cuela a escuchar los pregones políticos del predicador del palacio.

Los policías sólo reportaron —un felino apareció de la nada en la hora de la perorata mañanera.

Pero hubo otro detalle intrigante.

Los periodistas -aves raras en ese salón de palacio- fueron los que captaron la presencia de fotogénico minino.

En ese lugar, el felino se dejó ver por los reporteros. Se dejó filmar y fotografiar.

Entre sus ronroneos y los mimos de los asistentes todo era ternura.

—Es como el Gato GC del tío Gamboín –recordaron las caricaturas del canal 5 de Televisa.

—Lo llamaremos Mañanero. Ése fue el bautizo a mano alzada.

—Mañanero es un gatel histriónico –dijeron los mercadólogos políticos con pronunciación híbrida anglosajona y afrancesada.

Gatel por acá, gatelito por allá, gatel querubín… —Gatel ronronea tuu gaateeliina

Lo dramático vino después.

Flexible para saltar, el félido gatel escaló y se colocó sobre aquel templete donde se pronuncia la última palabra.

Hábil para mentir, la fiera gatelina usó sus colmillos filosos para engullir toda verdad y aún la posverdad.

Ágil para evadir, el monstruo gatelino utilizó sus garras para destrozar cualquier versión de la historia.

Rápido para adular, el felino rugió para consagrar la inmunidad del pregonero de la mañana.

Su ronroneo resultó canto, su canto devino en adulación, su adulación se convirtió en culto, su culto se volvió sumisión, su sumisión transmutó en envilecimiento extremo -en abyección-.

Así, un minino inofensivo, gatelito, el gatito de Las mañaneras logró hacerse de un nombre propio, de un título nobiliario: El Gato de López.

Sí. El Gato de López es cómico, tragicómico y digno de tira cómica, es capaz de disputar en fama al Gato GC del tío Gamboín. Los dos corren tras el conocimiento. —Corre GC corre…

Post data: no es lo mismo López-Gattel que El Gato de López.