El evento astronómico, que no se veía desde hace 800 años, pudimos presenciarlo en todo el mundo el día 21 de diciembre en el inicio del solsticio de invierno, en la llamada “Gran Conjunción “o “Estrella de Belén”, con Júpiter y Saturno acercándose en el cielo cósmico, acortando la distancia entre ellos.

El encuentro de los dos planetas, que coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio norte y con el comienzo del verano en el hemisferio sur, no se presentaba desde el 16 de julio de 1623 y no se volverá a observar hasta el 15 de marzo de 2080, según las estimaciones de la Federación de Asociaciones Astronómicas Internacionales.

También es importante señalar que aunque estos planetas parecieran casi unidos, sólo es un efecto de la perspectiva en la que se mira, pues los planetas estarán a 800 millones de kilómetros de distancia.

Por otro lado este acontecimiento astronómico  de por si histórico es referido en el tema espiritual  por algunos especialistas ya que el evangelio de Mateo en la biblia  menciona que los Reyes Magos vieron aparecer por el Oeste la Estrella de Belén. La historia indica que fue un astro en el cielo el que guio a los tres reyes magos hasta donde había nacido el niño Jesús, pero la leyenda se remonta a 1603, cuando el matemático Johannes Kepler observó la aproximación de estos dos planetas en una fría mañana en Praga, un fenómeno que despertó su curiosidad.

Cabe señalar que siete años más tarde, Galileo Galilei apuntó su telescopio hacia el cielo para hacer un asombroso descubrimiento: las cuatro lunas de Júpiter. Posteriormente consiguió observar los anillos de Saturno.

Hacia 1623, Júpiter y Saturno, estos dos planetas gigantes del sistema solar, viajaron juntos por el cielo y dieron pie a un evento astronómico conocido como la ‘Gran Conjunción’. Se cree que este fenómeno dio origen a esta historia de Navidad y que culturalmente ejercemos actividades en estos días influenciados por dicho relato.

De acuerdo a los estudios, fue un acontecimiento astronómico ocurrido en el siglo 6 a.C., y no la estela de una estrella fugaz la que habría guiado en su camino a los reyes magos. La Estrella de Belén no es solo un evento visualmente hermoso, sino que podría significar la apertura de una puerta hacia una nueva era.

El universo mismo es parte esencial del lugar donde habitamos y por ende es parte de nuestro medio correlacionado con nuestra existencia, en la que la influencia cósmica genera un cambio en nivel energético y espiritual muy fuerte en nosotros. En primera instancia, este año hemos aprendido que todo es posible y volátil, que nada está asegurado y que la vida como la conocemos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos; tal y como ocurrió con la pandemia del Covid-19.

El momento mundial y la crisis sanitaria coincide con este tipo de eventos los que se relacionan con la conjunción de Júpiter y Saturno. Como dato curioso, en 1345, cuando la peste negra azotó a Europa, fue una enfermedad que de igual forma llegó de China y fue en ese año que se llevó a cabo la alineación de estos dos planetas por lo que la astrología siempre ha relacionado este fenómeno con algún evento de cambio fuerte e importante para la humanidad.

Si bien el cierre de este año 2020, un año diferente y el comienzo de un 2021 iniciará un ciclo sumamente importante en cuanto a cambios a nivel personal, pero sobre todo a nivel colectivo. Y no solo cambios en la tecnología o en la medicina por ejemplo, sino a cambios en cómo hacemos las cosas, y talvez no son cambios que todas y todos vamos a ver en conjunto el mismo  con la estrella de Navidad, pero que en efecto ya están ocurriendo y que iremos notando más adelante.

Definitivamente es momento de ir dando la vuelta a la página, de emprender con fe y llegar al desenlace de algo que como especie y como sociedad debíamos de enfrentar. Lo que veíamos como el 2020, un año algo atípico, terminará no solamente por cita calendario, la evolución a una nueva etapa como humanidad dependerá de nosotros y de la transformación que logramos emprender.

Finalmente el 2021 es un misterio pero en definitiva el hoy es un regalo, por eso se llama presente y solamente valdrá la pena si despertamos y evolucionamos, podemos tomar hoy este hecho espiritual y astronómico  que coincide con la celebración de la venida del salvador, con la conjunción de todas las situaciones que hemos vivido últimamente, tanto políticas como sociales, naturales y astrológicas, van a llegar a un punto climax donde nosotros como personas, nos vamos a ver siendo actores, fungiendo como parte del gran cambio en el que ya estamos inmersos.