La unidad debe prevalecer ante la adversidad

Sin apoyos económicos, estímulos fiscales ni políticas públicas robustas, personas y empresas en México están enfrentando la peor crisis económica. Unas resistiendo, otras naufragando, todas construyendo su propia resiliencia.

 

De las 4.9 millones de Mpymes registradas en el Censo Económico de 2019, un millón 10 mil 857, el 21 por ciento, han desaparecido hasta ahora. Aunque de ellas, 600 mil han logrado como se pueda reinventarse y resurgir. En abril, el

gobierno había anunciado un apoyo muy limitado: créditos de 25 mil pesos para pequeños negocios. Sólo 5.9 por ciento acudieron a recibirlos por insuficientes y porque representarían más deudas en vez de una ayuda real.

Doce millones de personas perdieron su empleo. 10.2 millones lo recuperaron, pero la mayoría con menos salario y en la economía informal, que representa 25 por ciento de todo el Producto Interno Bruto, pero que no paga impuestos.

El argumento oficial es que para dar los apoyos que se necesitaban habría sido necesario endeudar más al país, trasladando el problema a las generaciones futuras. En ese renglón, la política pública se anotó un punto a favor. La deuda creció en proporción con el PIB, porque el PIB se hizo mucho más chico, pero en contraposición hubo refinanciamientos que permitieron aplazar la mayor parte de los pagos que tenían que realizarse en 2021 y 2022 a tasas de interés más favorables.

La iniciativa privada ha mostrado su compromiso. La empresas de televisión pusieron en pantalla el año escolar para 33 millones de niños y jóvenes en cadenas nacionales para todo el país, recibiendo apenas el pago mínimo por los costos de operación.

 

Hasta ahora, IP y gobierno han presentado dos planes de construcción de infraestructura con 68 obras que representan casi 500 mil millones de pesos en inversiones y 400 mil empleos, incluyendo las relacionadas con el Tren Maya, el Transístmico, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía.

 

Sin embargo, ha habido más tensiones que deben traducirse en lecciones. En mayo, la CFE cerró el paso a la energía solar y eólica con el argumento no fundamentado técnicamente de la intermitencia. Un golpe directo a inversiones por más de 30 mil millones de dólares en al menos 169 plantas y unos 78 mil empleos directos en manufactura, construcción, operación y mantenimiento.

 

En momentos en que el mundo está en la carrera por dejar atrás los combustibles fósiles, tendencia que tomará aun más fuerza con la administración de Joe Biden en Estados Unidos, la apuesta mexicana sigue siendo al petróleo y sus derivados, con el obsesivo rescate a una Pemex en terapia intensiva.

 

La reforma de pensiones se aprobó en el Congreso con grandes beneficios para los trabajadores. Pero uno de sus puntos, el de las comisiones de las afores, pone a por los menos dos de las 10 existentes en serio peligro de desaparición, lo que es grave para la competencia, el libre mercado y el bienestar que se persigue.

 

De haberse aprobado, la iniciativa sobre la desaparición del outsourcing habría hecho trizas cadenas productivas enteras, empresas y empleos. La discusión con las partes involucradas continúa sobre la mesa.

 

La economía ya estaba desacelerada antes de la pandemia. 2019 terminó con un crecimiento de nada más 0.1 por ciento. 2020 ya pintaba complicado antes del SARS-CoV-2. Los pronósticos anticipan que este año habremos perdido en promedio 9.2 por ciento del tamaño de nuestra economía, pero podría ser bastante más porque la Ciudad y el Estado de México además de Baja California

están de nuevo en el semáforo rojo de los contagios.

 

¿Lograremos recuperar, aunque sea 38 por ciento que se proyecta en promedio para 2021? Echemos mano de las lecciones aprendidas, de la unidad que nos caracteriza frente a la adversidad y corrijamos lo que sea necesario.

 

POR ADRIANA DELGADO

ADRIANAD16@YAHOO.COM.MX

@ADRIDELGADORUIZ