“El 2020 lo arruinó todo”, “El 2020 no vale, como si no existiera”. Frases recurrentes tanto en redes sociales como en reuniones. Y de alguna manera entiendo la frustración; todos teníamos proyectos, planes e ideas muy distintas antes de que se aplicara el confinamiento por Covid-19. Sin embargo, como en cada crisis, hay quienes ven en ella dolor, sufrimiento y frustración, y hay otros que ven una ocasión idónea para, en el terreno personal y profesional, cerrar un ciclo y abrir otro.

 

En este año fue posible notar dos tipos de mentalidades. El primero lo integran aquellos a quienes el miedo paralizó. Aquellos que pensaron en el muy corto plazo y sostuvieron que esto pasaría en cuestión de semanas, por lo que no había necesidad de hacer nada (usaron como punto de referencia la pandemia de Influenza H1N1 de 2009). Este grupo también lo integran quienes, a pesar de buscar adaptarse, simplemente no tuvieron herramientas para salir avante.

 

El segundo grupo, son aquellos que vieron en dicho momento una oportunidad de adaptación e innovación. Éstos vieron más allá de la coyuntura y aprovecharon las oportunidades que el mercado y las circunstancias ofrecieron. Fueron dueños de ideas que no sólo les permitieron ser resilientes, sino que llegaron a hacer mejor su trabajo e incluso hubo quienes crearon negocios exitosos inspirados en la pandemia.

 

Hoy, el 2021 está a la vuelta de la esquina, es momento de reflexionar sobre lo que hicimos y dejamos de hacer en este año que no significó una época de cambio, sino un cambio de época. Me parece que aprendimos, entre otras tantas cosas, que las crisis deben ponernos en acción y que nada ganamos abrazando el miedo. Lo anterior es útil, porque aún está lejos de acabar esta crisis sanitaria y, desgraciadamente, se profundizarán los problemas económicos. Por más que pensemos que con la aprobación de la vacuna todo volverá a la normalidad; es falso, es una ilusión.

 

Si por distintas razones no logramos hacer de 2020 un año que significara un punto de quiebre para nosotros o nuestra empresa, el año que viene tendrá todas las características para hacerlo realidad, no sin vencer grandes retos, pero será momento idóneo para convertirnos en arquitectos de estrategias para construir nuevas oportunidades o rediseñar el futuro.

 

Que quede claro, las personas y empresas que sigan pensando en que regresaremos a la “vieja normalidad”, desaparecerán, pues es necesario reinvertarse y ver las nuevas oportunidades.

 

¿Cómo? Primero dejar de pensar a corto plazo, dejar de hacer cosas que no agreguen valor a la empresa o que siempre se han hecho de la misma manera, además de apasionarse y no perder el propósito como organización o persona.

 

Hacerse rico podría ser un buen propósito para el 2021; la pregunta es si estamos dispuestos a pagar el precio para lograrlo, ello implica un cambio de mentalidad y mucho trabajo, creatividad e innovación.

 

 

Julián Pulido Gómez

*Maestro en Administración Pública (INAP)

Twitter: @jpulidogomez