Y bueno… si nada extraordinario sucede, el próximo 15 de diciembre el Colegio Electoral estadounidense declarará ganador de las elecciones presidenciales a Joseph Biden. Biden tomaría posesión el 20 de enero del 2021. ¿Y luego qué? ¿Vuelta de página al trumpismo sin Trump? ¿Y los estadounidenses vivieron felices para siempre?

 

No creo. Queda vivo hoy más que nunca el trumpismo. Y esa será la primera prueba de fuego de Biden. Pero empecemos por el principio, la parte pragmática de la política. Primero los Demócratas deben ganar las dos elecciones extraordinarias para el senado en Georgia. Sólo así podrán controlar el senado, eso bajo el supuesto que el partido Demócrata se comportará de manera unida y disciplinada por cuatro años. Si pierde una de estas dos elecciones, una buena parte de la presidencia de Biden será un constante y lastimoso estira y afloja entre un ejecutivo débil y un senado irracionalmente rabioso, listo para bloquear a cualquier costo las acciones del ejecutivo.

 

Con o sin control del senado por parte de los Demócratas, Biden también tendrá que lidiar con el trumpismo. ¿Pero qué es el trumpismo? Bueno, esa pregunta por el momento es relativamente incontestable, dada la naturaleza de su origen. Pero esto no impide razonar un poco alrededor del trumpismo, con el objetivo de ir modelando un esbozo del término.

 

Empecemos por su materia prima: los trumpistas. Todo aquél que haya votado por Trump en las elecciones actuales es un trumpista. Aquéllos que hayan votado por Trump en las elecciones de 2016 y 2020 son trumpistas consumados. Y aquí surge un par de comparaciones muy sencillas, pero muy útiles para saber quiénes ejercen el trumpismo. Primero: Trump obtuvo 62.9 millones de votos en 2016. En 2020 obtiene 74.2 millones.

 

Segundo. En 2016, el votante promedio de Trump presentó las siguientes características: mayores de 45 años, hombres y mujeres blancos, los menos educados, los ricos, los conservadores, los casados, los veteranos de guerra, los católicos y los protestantes, los electores anti inmigrantes y los electores rurales. Y eso lo hizo mediante una campaña anti Clinton, anti inmigrante, anti terrorista y anti mexicana. En 2020 no hay cambios significativos en la población trumpista: votaron por Trump los electores que se preocupaban más por las consecuencias económicas del Covid-19. También hombres y mujeres blancos, los mayores de 45 años, los menos educados, los casados, los ricos, los evangélicos blancos, los conservadores, los que viven en el Medio Oeste y el Sur de los Estados Unidos, los temerosos del crimen y la inseguridad, y los que consideran el uso de la mascarilla como una opción personal (a comparación de los votantes por Biden, que consideran el uso de la mascarilla como una responsabilidad de salud pública).

 

Los trumpistas del 2020 también creen que el racismo es un problema menor en los Estados Unidos y comparten una opinión bastante desfavorable del movimiento Black Lives Matter. Los datos de 2016 y 2020 fueron obtenidos de encuestas de salida del New York Times, un pasquín comunista, de acuerdo al trumpismo de avanzada.

Como podemos ver, no hubo mucho cambio en la composición de la población trumpista entre elecciones y tanto el Covid 19 como la problemática racial les hizo lo que el viento a Juárez. Quizá el gran cambio significativo fue que de una elección a otra el número de trumpistas creció en 14.3 millones de ciudadanos, esto es, un18%.

 

Esto no sería tan grave si no fuera por un detalle chiquitito y juguetón: Trump se aventó la puntada de airar un estimado de 25,000 mentiras o aserciones engañosas en casi cuatro años de su mandato, de acuerdo al Washington Post. O sea, en noviembre de 2016, 62.9 millones de estadounidenses pudieron pasar por engañados ante una campaña llena de mentiras y alucines sexistas y raciales, pero cuatro años y 25,000 mentiras después, ya no hubo pretexto: no únicamente refrendaron su confianza política y social en este mentiroso patológico, sino otros 14.3 millones de estadounidenses se agregaron a las filas del trumpismo. El 70% del electorado trumpista cree firmemente que Trump ganó las elecciones y justifica su creencia en mentiras (obviamente) y teorías conspiracionistas.

 

El trumpismo es una colección de ideas de odio, racistas, sexistas, narcisistas, anti inmigrantes y supremacistas… basadas en fake news, teorías conspiracionistas, y todas interconectadas entre sí por medios de comunicación ad hoc y articuladas por el gran maestro de los títeres tontos, el buen Donald. Tontos, pero armados hasta los dientes, lo cual torna bastante peligroso el asunto, sobre todo bajo la consideración de que el total de votos alcanzados por el maestro titiritero equivale al 46.8% del electorado estadounidense, familias y partido Republicano incluidos. La violencia post electoral en la tierra de la libertad y de los valientes no se descarta de ninguna manera.

 

De lo anterior se deriva la parte interesante del asunto: las ideas. En el trumpismo las ideas se basan en mentiras y planteamientos engañosos, al más puro estilo de Adolf Hitler. Entre más grande la mentira y/o más confuso el planteamiento… mejor. Uncle Donald siempre va a estar ahí para orientar correctamente a sus seguidores, para cargar y descargar baterías contra el enemigo en común, para llevarlos de una mentira a la siguiente y a la siguiente, cada vez más grande, ridícula e intoxicante.

 

Más interesante aun es que el estadounidense promedio no está acostumbrado a definirse en términos de ideas concretas, articuladas o no. Valores, sentimientos, causas, impulsos, patria, bandera, liberty, freedom, democracy, lo que sea, pero difícilmente en términos de ideas concretas.

 

He ahí la magia de Trump. Él y sus secuaces políticos logran, con unos cuantos slogans y frases cortas que difícilmente reflejan la realidad (America First, Lock her up, Make America Great Again, We have the strtongest economy in U.S. history, Alternative Facts, The Trump Vaccine, Crocky Hillary, Sleepy Joe, Keep America Great, I won the election, etc.), que una parte importante de los estadounidenses se definan a sí mismos en términos de un conjunto de ideas, bien chafas y falsas, pero ideas al fin. Los dos grandes pilares de la sociedad capitalista estadounidense, el individualismo y los intereses, de repente se ven comandados por las ideas, el famoso cuarto factor, que hace no mucho se ubicaba muy por detrás del tercero: las instituciones.

 

Pero estas ideas, al estar basadas en la falsedad, requieren de un sistema de soporte bastante bien articulado (aunque no necesariamente organizado) para que florezca más allá de la vida política de su titiritero. Y aquí nuevamente hacen su aparición los medios de comunicación conservadores con tinte de extrema derecha. Fox News Channel en primer lugar y una infame colección de otros medios: The Daily Wire, Breitbart News, RSBN, National Review, WorldNetDaily, Rush Limbaugh (radio)… más los que se agreguen el día de hoy en Facebook y los que disponga necesarios agregar la inteligencia rusa en las redes sociales.

 

Entonces se puede deducir que ante la falta de un esquema de ideas sólido, en realidad no importa que Trump exista o no en la arena política, sino que las ideas falsas sean constantemente reforzadas y perfeccionadas continuamente. La pregunta aquí sería: ¿Qué intereses se ven beneficiados con la divulgación de todo este esquema de ideas cínicamente falsas? Esto es, al final del día, ciertos intereses manipulan al individuo a través de ideas huecas y utilizan a las instituciones para reforzar y proteger dicha manipulación. A diferencia del lenguaje de las ideas, este lenguaje lo maneja y entiende muy bien la sociedad estadounidense. Es lo que siempre se ha hecho, sobre todo cuando se lanzan las tropas estadounidenses al extranjero para diseminar y proteger la libertchy y la democrachy del free world.

 

Entonces, esta ola de intereses de la vieja derecha fascista con medios de comunicación globalizados es el principal enemigo de Biden. Y si él y Kamala Harris no se ponen las pilas, se los van a comer vivos. Lo peor que le podría suceder a la democracia estadounidense (la idea y la institución) es que Trump regrese al poder o que la Ivanka gane las elecciones presidenciales del 2024…