Durante una buena parte de los 80s me la pasé en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), estudiando la carrera de economía. Alguna vez un profesor en el Instituto Lux en León, el buen René Morales, me preguntó en tercer año de bachillerato que qué iba a estudiar. Yo le contesté que economía. Él me comentó sin chistar que hiciese el examen de admisión el ITAM, en el Distrito Federal. Yo le pregunté por qué. René contestó, sin chistar también: “Porque ahí hay mucha gente como tú”.

 

El resto es historia, acabé la carrera de economía en el ITAM en 1989. Durante mis años en la institución conviví con muchos estudiantes de muchos lugares y tendencias, principalmente ubicados en la ciudad de México. Y compartí aulas con dos generaciones, ya que interrumpí mis estudios durante tres semestres, y así tuve el gusto de tener como compañeros de carrera en la primera generación a Carlos Sales, Luis Alberto Ibarra, María Musi y Rafael Gómez Tagle. De la segunda generación puedo mencionar, entre muchos otros, a Luis Videgaray, Pepe Meade, Virgilio Andrade, Abraham Zamora, los Vázquez Colmenares, Luis Carlos Ugalde (el maguito), etc. De la tercera generación, una generación con la que estuve en contacto de manera más implícita que implícita, conviví con Christian Young, Gerardo Cajiga, Edna Jaime, Alejandro Moreno, Alberto Díaz, Rafael Giménez Valdés…

 

Con todos ellos me relacioné principalmente mediante las actividades estudiantiles de la revista Opción, el boletín Foropción, el Consejo de Alumnos y las Representaciones de Carrera. Los años de los pininos, precursores de los años de lucha. Con algunos de ellos cultivo a la fecha una fructífera amistad, basada principalmente en compartir nuestra experiencia en la vida, conforme ésta transcurre y transpira, un día a la vez. Con otros perdí el contacto, hasta que los vi más y más en la tele. Primero de subjefes, luego de jefes y luego ahorita.

 

Con LuisVi mi nivel de convivencia fue más bien circunstancial. Siempre formal, muy calculador y todo un homo politicus, al que difícilmente le salían mal las grillas. Algunos de sus más cercanos le llamaban cariñosamente el Fouché, pero generalmente en privado, muy rara vez en púbico. Yo lo recuerdo como una persona muy formal, un joven de distancias prudentes y, sobre todo, muy inteligente. Inteligente en dos planos: el académico, sobre todo en términos de la economía, e inteligente en términos de que estaba muy difícil que alguien se lo grillara. LuisVi desde entonces tuvo muy claro el tipo de futuro por el que iba a luchar desde cualquier trinchera y a cualquier costo.

 

Esta generación del ITAM (y algunas otras que le prosiguieron) fue una generación muy curiosa. Creíamos que la carrera de economía era la elite de la universidad y del futuro de México, no tanto en términos de irse al extranjero para profundizar y hacer avanzar la teoría económica, sino para preparar el terreno a nuestro regreso, para actuar en el terreno político y en el conducir de la economía de la nación. Aunque obviamente no fue necesario irse a estudiar un posgrado a una Ivy League o su equivalente para cumplir los sueños de la juventud temprana. Pero los que sí lo hicimos, regresamos a México con una mentalidad diferente. Con ideas en su mayoría eclécticas y no siempre realizables en una economía y un sistema político de tercer mundo.

 

Pero el proceso de adaptación fue rápido, sobre todo para aquéllos que regresaban al seno de una familia de tradición y herencia política en acción. Aquí lo aprendido en las aulas de excelencia sería convenientemente adaptado a un proyecto de nación progresivamente corrupto e impune, donde los juegos de ajedrez se ganaban escondiendo piezas y modificando las reglas de juego a voluntad.

Algunos nos dedicamos a la academia y nos tardamos en regresar a México. Otros regresaron a trabajar en territorios de la Secretaría de Hacienda, otros se tardaron más en regresar que en incorporarse a cuadros políticos bien definidos, y los menos de una u otra forma se incorporaron a sectores gubernamentales, a los medios de comunicación o incluso a una que otra ONG.

 

En lo personal, creo que la nuestra fue una generación de personas muy brillantes que, de una u otra forma, salimos “bien buenos” para obedecer y cumplir eficientemente lo indicado, sobre todo aquéllos que se clavaron en los sectores de la política y la economía. La idea era obedecer al principio para dominar el know how y a partir de ahí, pues a mandar. Pero al final de cuentas, parece que ni dueños del tablero nos dejaron ser. Siempre se jugó de prestado y hoy por hoy es esta generación la que paga los platos rotos mientras que la otra generación, la del innombrable Carlos, la verdadera dueña de todo, pues sigue relativamente tranquila en el devenir y ejercicio cotidiano del poder, esperando el desgaste paulatino, progresivo y seguro de la 4T.

 

También nuestra generación aprendió y fielmente ejecutó la noción preconcebida por el innombrable de que el Revolucionario Institucional, así como el sistema político en su conjunto, era perfectamente sacrificable en aras de un proyecto más o menos neoliberal, esto es, un proyecto que defendiera a capa y espada la imposición de intereses particulares (nacionales y extranjeros) sobre los intereses de la nación: educación, salud, calidad de vida, infraestructura, combate eficiente a la pobreza, vivienda digna, legislación laboral justa… Las ideas, instituciones e individuos bailando al son que tocan los intereses. Un proyecto de nación que destruye sistemáticamente el proyecto educativo no puede ser considerado neoliberal. La educación es esencial en un proyecto neoliberal, si no, ¿cómo se puede ser competitivo en un mercado global de bienes y servicios si la mano de obra que produce el sistema educativo es no-competitivo por excelencia? ¿Mediante salarios bajos? ¿Ésa es la competitividad a la que se aspira en México ante un esquema de globalización? Eso no es neoliberalismo, eso es incompetencia e ineptitud total de la clase dirigente para sacar adelante al país.

 

Ciertamente, no todo está perdido para LuisVi. Al contrario, una buena parte de las cosas de las que se le acusa ya prescribieron y las otras… está complicado para que se las prueben, difícilmente hallarán su firma en documentos comprometedores. Tampoco creo que lo hayan grabado, ni en audio ni en video, como lo hicieron con la banda panista (lo cual nos puede dar una grácil idea de quién mandó a grabarlos). Aunque éste bien puede convertirse en un típico escenario de LuisVi, en el que después de darlo por entumido después de una situación letal, regresa con un ímpetu tremendo y más fortalecido que nunca para continuar con su labor política. Un ejemplo de esto es cuando se le hizo a un lado en el gabinete de Peña Nieto después del embarazoso episodio de la visita de Trump a México. En un descuido LuisVi regresa a México libre de culpa y listo para una candidatura presidencial. De ese tamaño.

 

Finalmente, una cosa es que no le puedan probar las acusaciones y otra muy diferente es que LuisVi sea inocente. En lo personal, no sé si es o no inocente, pero lo que sí sé es que ese tipo de acusaciones generalmente le pegan a su capital político. En esencia, si la 4T se muestra incapaz para materializar el castigo penal a la mayor parte de los probables culpables señalados por Lozoya, Zebadúa y ahora Robles… definitivamente le ponen el país a LuisVi en charola de plata en un futuro más o menos cercano.

 

Hace poco, platicando con uno de mis compañeros itamitas de los good old days, le pregunté que qué había sucedido con los líderes de toda esta generación tan brillante, en el sentido que habían contribuido a dejar al país en ruinas después de 36 años de haber desarrollado un capitalismo feroz, voraz, corrupto e impune. Él me contestó, sin chistar: “Poder y dinero, mi Cano, poder y dinero, eso es lo que hay que entender…” Aquí parece que el único que chista soy yo.

 

Si el lector ávido de información sobre el ITAM en su época de oro está más interesado en conocer un poco sobre su historia desde una perspectiva anecdótica, doctrinante y naturalmente subjetiva, puede consultar con toda confianza el artículo titulado: “Muerte en el ITAM y la educación superior de la elite mexicana: la punta del iceberg con un twist pandémico”. Nada más hay que dar click en el siguiente link: https://www.academia.edu/42965139/Muerte_en_el_ITAM_y_la_educaci%C3%B3n_superior_de_la_elite_mexicana_la_punta_del_iceberg_con_un_twist_pand%C3%A9mico