Si tu hijo no entiende inteligencia artificial, alguien más decidirá su futuro

Ana Karina fernández

Ana Karina fernández

Por: Ana Karina Fernández

Hablemos de algo profundamente irresponsable en seguir educando hijos para un mundo que ya no existe. Y lo digo con toda la brutal honestidad que implica aceptar que muchos de nosotros crecimos creyendo que el prestigio profesional estaba en estudiar carreras “serias”, dominar idiomas, tener buena ortografía y construir una agenda de contactos poderosa. Todo eso sigue importante. Si. Pero hoy ya no es suficiente.

Mi hijo menor terminó Relaciones Internacionales y, como suele pasarle a las personas inteligentes, quedó parado frente a un océano de posibilidades. No estaba perdido. Estaba saturado. Porque el problema de esta generación no es la falta de opciones. Es exactamente lo contrario. Tienen demasiados.

Y entre tantas conversaciones sobre diplomacia, organismos multilaterales, geopolítica, cooperación internacional y mercados emergentes, empecé a notar algo inquietante. Mucha gente seguía hablando del futuro como si la inteligencia artificial fuera un tema accesorio. Como si fuera solamente una herramienta tecnológica más. Como si fuera un gadget sofisticado para hacer imágenes raras o redactar correos más rápido.

Querido lector… culto y conocedor no, no lo es.

La inteligencia artificial no es una tendencia. Es una reconfiguración civilizatoria. Me explico…

Platicando con personas que respeto intelectualmente, como Fausto Muciño y Catalina Irurita, terminó entendiendo algo que me pareció evidente. La humanidad está entrando a una etapa donde quien no comprende datos, algoritmos y modelos predictivos va a convertirse, lentamente, en analfabeta funcional del siglo XXI. Así de duro.

Porque durante años pensamos que el poder estaba en quien tenía dinero, contactos o información. Hoy el verdadero poder está migrando hacia quien sabe interpretar datos y convertirlos en decisiones.

Eso cambia gobiernos, elecciones, cambia guerras, mercados financieros, campañas políticas, percepciones públicas, sistemas de salud, migraciones. Cambia absolutamente todo.

Y entonces entendí por qué no bastaba con que mi hijo tuviera una carrera sólida y una visión internacional sofisticada. Necesitaba aprender el idioma del futuro. Y ese idioma no solamente es inglés. Es datos.

Por eso le sugeriré una maestría en Datos y Políticas.

Porque me parece una combinación peligrosamente poderosa.

Vivimos en una época donde los gobiernos producen millones de datos que muchas veces ni siquiera saben interpretar. Las empresas privadas conocen patrones de comportamiento humano con niveles de precisión que hace veinte años habrían parecido espionaje. Las campañas políticas ya no se diseñan únicamente desde la intuición ideológica. Se diseñan desde modelos predictivos. Desde segmentación emocional. Desde análisis conductual.

Y quien no entienda eso, va a quedarse observando cómo otros toman decisiones sobre el mundo mientras él apenas intenta comprender qué pasó.

Yo no quiero eso para mi hijo.

Quiero que entienda cómo funciona el poder moderno. Porque además existe otra realidad. Muchísimas personas creen que la inteligencia artificial va a reemplazar únicamente trabajos operativos. Error. También va a desplazar gente brillante incapaz de adaptarse.

Abogados. Analistas. Consultores. Creativos. Periodistas. Financistas. Estrategas. Políticos.

La inteligencia artificial no viene solamente por los trabajos manuales. Viene por los trabajos mentales repetitivos.

Y ahí entendí algo aun más importante. El verdadero valor profesional del futuro no estará en memorizar información. Estará en formular mejores preguntas. En interpretar contextos complejos. En entender ética pública. En construir criterio.

Por eso Data and Policy me pareció tan inteligente, pero sobre todo útil!

Porque no quería verlo convertido en un técnico frío que solamente supiera programar modelos matemáticos. Quería verlo entendiendo el impacto humano, político y social de esos sistemas.

Quería que entendiera cómo los algoritmos pueden manipular percepciones colectivas. Cómo pueden sesgar decisiones públicas. Cómo pueden beneficiar o perjudicar comunidades enteras. Cómo pueden convertirse en herramientas de vigilancia masiva. Cómo pueden influir en procesos democráticos.

Porque alguien tiene que ponerle humanidad al avance tecnológico.

Y es justo ahí donde está el verdadero problema del presente. Tenemos ingenieros desarrollando herramientas cada vez más sofisticadas mientras el mundo político, jurídico y social avanza mucho más lento.

Eso es peligrosísimo!!!

La inteligencia artificial ya puede crear discursos falsos, alterar videos, generar identidades digitales inexistentes y producir propaganda extremadamente sofisticada. Y aun así seguimos viendo personas que creen que esto es solamente “una moda tecnológica”.

 

No. Esto es una transformación estructural del planeta.

 

Yo trabajo en relaciones públicas, reputación e influencia. Y justamente por eso me aterra y me fascina el tema al mismo tiempo. Porque entiendo perfectamente que la percepción pública será cada vez más manipulable mediante sistemas automatizados capaces de conocer emocionalmente a las audiencias mejor de lo que las audiencias se conocen a sí mismas.

Platicando con Fausto después de leer una de sus columnas entendí que eso tiene implicaciones éticas enormes.

Entonces pensé algo muy simple. Si mi hijo ya entiende el mundo desde la óptica internacional, diplomática y política, ahora necesita comprender cómo la data redefine esos mismos sistemas.

Necesita entender cómo China usa inteligencia artificial como herramienta geopolítica. Cómo Estados Unidos pelea la guerra tecnológica global. Cómo Europa intenta regular algoritmos. Cómo América Latina corre el riesgo de quedarse solamente como consumidora tecnológica sin desarrollar soberanía digital.

Porque oiga usted!, el futuro ya no será únicamente una disputa de territorios. Será una disputa de datos.

Y francamente, me parece irresponsable como madre no preparar a mis hijos para eso. Sí que no es el

Mañana, es el Hoy!

A veces siento que nuestra generación todavía no tiene dimensión de lo que viene. Seguimos discutiendo profesiones como si estuviéramos en 2004. Seguimos recomendando carreras desde estructuras mentales viejas. Seguimos creyendo que estabilidad significa repetir fórmulas antiguas.

¡Pero el mundo cambió, evolucionó!

Y cambiará todavía más y más rápido.

Por eso le sugerí esa maestría. No porque quiera que persiga una moda. Sino porque quiero que tenga herramientas intelectuales para sobrevivir con dignidad en un sistema cada vez más complejo.

Quiero que pueda sentarme en una mesa donde se discuta el futuro del mundo y entender perfectamente de qué están hablando.

Porque en los próximos años habrá dos tipos de personas. Las que entiendan cómo funciona la inteligencia artificial. Y las que vivirán gobernadas por quienes sí la entiendan.

Y francamente, yo no lloré hijos para quedarse del lado equivocado de la mesa.

¡Solo digo!


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