Freddy Serrano

Por : FREDDY SERRANO DÍAZ

Sin estar de acuerdo con el despilfarro y el gasto indiscriminado de dinero en política, vale advertir que toda campaña demanda inversión planificada de tiempo y dinero.

Participar de cualquier certamen democrático demanda gastos, hay que garantizar financiación en publicidad, eventos, personal y materiales para promocionar candidatos; el dinero no se consigue de la nada, sin juicios de valor: crear y difundir mensajes, alquilar espacios para eventos, transportar personal y equipos, gestionar la logística de campaña, todo vale, todo cuesta.

Es simple, participar en elecciones supone construir una empresa a veces temporal, en ese entendido se contrata personal, se analizan datos y se desarrollan estrategias, se hace investigación, se adquiere y mantiene tecnología, se asumen máximos y mínimos, todo sin contar con imprevistos y prever la manutención personal, familiar y empresarial de candidatos, antes, durante y después de su elección.

Animar a los votantes a participar en el proceso electoral hace parte también de una buena gestión financiera, es decir, cualquier proceso supone garantizar que los recursos se utilicen de manera eficiente, luego la “economiseria” no funciona para crear estructuras y pagar la logística.

Contrasta en este escenario la consecución de recursos a través de donantes individuales o empresariales, los fondos públicos asignados para campañas y partidos por parte del estado y la inversión de ahorros que no pueden sacrificarse a expensas de la terquedad personal de convencidos con “cuentas alegres”, es sencillo, el gasto debe ser el indicado.

La influencia del dinero en política puede llevar a decisiones que beneficien a los donantes en lugar del bien público, así mismo la falta de acceso a recursos limita la participación de candidatos y partidos menos establecidos, hay corrupción y abuso de poder, como diría mi abuelo: “de todo trae la vaca”, hasta oportunistas operadores en la venta de caudales electorales que no existen.

Este escrito no es otra cosa que el reflejo de una realidad: “la campaña más cara, es la que se pierde”, ahora bien, cuán importante es que la justa proporción de la inversión sea cada vez mejor regulada.



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