Los celulares y la tecnología en las escuelas
Por: Luis Humberto Fernández
Esta semana, la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció que, antes de que arranque el ciclo escolar, habrá una definición sobre el uso de celulares en las escuelas. En la mañanera del 3 de agosto, señaló: “Tiene que ser una decisión colectiva… que haya conciencia de los impactos y los jóvenes no sientan que es una imposición”. No será una decisión política, sino un acuerdo entre comunidades, en las cuales el 70 % de las madres y padres de familia respaldan restringir los celulares en los salones de clase.
Este anuncio no es un hecho aislado. Desde marzo se han realizado foros en todo el país; la UNESCO ha documentado el incremento de regulaciones sobre este tema en todo el mundo; y, hace unos meses, el Secretario Mario Delgado anunció una iniciativa para regular el uso de las tecnologías en las escuelas. Dicho sea de paso, el que escribe esta columna también presentó una iniciativa con características similares: incluir el civismo digital como parte de la política educativa; establecer una edad mínima para las redes sociales con su respectiva verificación de edad; combatir el ciberacoso; establecer una configuración especial para menores; una mayor regulación del diseño adictivo; protección frente a la publicidad para niños; mayor control de la inteligencia artificial; y más obligaciones para las plataformas digitales.
El tema de fondo no es definir si se permiten o no celulares en la escuela; se trata de un cambio civilizacional y de cómo pensar una educación armoniosa y adecuada a los momentos actuales. Los salones de clase aún se basan en la escuela fábrica de Horace Mann, que fue fundamental para alfabetizar y dar educación a millones de personas. Esa fue la educación de la era industrial.
Ahora nos toca construir una educación pertinente en un contexto de inteligencia artificial, mentes hiperestimuladas y un mercado laboral cada vez más incierto. Por lo que, además de definir la relación con la tecnología, la educación debe ser humanista, funcional, incluyente y adecuada al contexto de cada comunidad.
En el mundo también se está dando una tendencia a regular la tecnología en las escuelas. Países como Finlandia, Suecia o Noruega ya están retirando tabletas y pantallas, regresando a los libros físicos y a la escritura a mano.
Por eso, la decisión de la Presidenta es muy conveniente por ser dialogada y no una imposición, pero, sobre todo, porque avanza hacia una educación pertinente para crear una mejor ciudadanía y una mejor humanidad.
