Frente al ICE, estadounidenses salen a las calles y procuran a paisanos
Por: Daniel Lee
Hay imágenes que explican una crisis mejor que cualquier discurso. En Pensilvania, ciudadanos estadounidenses que no son policías ni agentes de seguridad realizan rondines alrededor de iglesias frecuentadas por migrantes para observar, documentar y alertar sobre posibles operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Entre ellos está Jane Downing, una enfermera jubilada. No confronta a los agentes ni interviene en sus operaciones. Simplemente observa y avisa.
Pero ese gesto aparentemente sencillo tiene una enorme dimensión política y social: una parte de la sociedad estadounidense está comenzando a organizarse para que los migrantes no enfrenten solos el miedo de las redadas y las deportaciones.
En Pensilvania, congregaciones religiosas, organizaciones comunitarias y redes interreligiosas han impulsado vigilias y acciones de acompañamiento. Lo importante no es únicamente la protesta. Es que ciudadanos estadounidenses están asumiendo que la defensa de los derechos de los migrantes también es una responsabilidad de la sociedad que los recibe.
Para la comunidad mexicana, este fenómeno adquiere una relevancia especial.
Millones de mexicanos viven, trabajan y construyen sus familias en Estados Unidos. Son trabajadores, empresarios, estudiantes, profesionistas y vecinos que participan activamente en sus comunidades. Su aportación es indispensable para sectores enteros de la economía estadounidense y, al mismo tiempo, mantienen una relación permanente con México.
Por eso, cuando una redada de ICE detiene a un mexicano, sus consecuencias no terminan en la persona detenida. Puede dejar familias separadas, afectar negocios, generar miedo en comunidades completas y golpear económicamente a hogares en México que dependen de los ingresos enviados desde Estados Unidos.
La solidaridad de ciudadanos estadounidenses puede fortalecer a las #ComunidadesMigrantes, pero la respuesta también debe surgir de su propia organización. No se trata de pedir privilegios ni de estar por encima de la ley. Se trata de exigir dignidad, garantías y el derecho a defenderse frente al poder.
Pensilvania está mostrando que frente a la política del miedo existe otra posibilidad: ciudadanos que observan, comunidades que acompañan y organizaciones que exigen cuentas.
Redes como PIIN —que agrupa congregaciones y organizaciones del suroeste del estado— mantienen vigilias semanales frente a instalaciones de ICE junto con Sisters of St. Joseph, Pax Christi y Casa San José. También se han organizado procesiones interreligiosas en zonas afectadas por la actividad de ICE.
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