El Mundial como anestesia nacional

Ana Karina fernández

Ana Karina fernández

Ana Karina Fernández

Cuando Mario Delgado planteó ajustar el calendario escolar por el Mundial de 2026, mucha gente reaccionó como si la idea hubiera salido de una sobremesa entre patrocinadores de chela y ejecutivos de televisión abierta. Pero políticamente la lógica sí existe, aunque eso no significa necesariamente que sea la correcta. Y justamente ahí está lo interesante: entender por qué alguien dentro del gobierno pudo considerar funcional una decisión que, simbólicamente, parece peligrosísima para un país con rezagos educativos históricos, épicos diría yo!

Primero hay que entender algo importante: el Mundial no se está planeando solamente como un evento deportivo. Se está planeando como un gigantesco dispositivo de percepción nacional e internacional. El gobierno sabe que México llegará al 2026 con desgaste acumulado en seguridad, crecimiento económico moderado, polarización política y cuestionamientos institucionales. En ese contexto, el Mundial funciona como una oportunidad emocional. Una especie de apoteosis colectiva temporal donde durante unas semanas la conversación pública cambia de eje. Como quien se peina y se produce para una foto.

Eso tiene un valor político enorme.

Los gobiernos modernos entienden perfectamente el poder de los megaeventos para suspender momentáneamente el pesimismo social. Lo hizo Argentina con el Mundial del 78, China con Beijing 2008, Brasil con Río 2016 y hasta Qatar en 2022 intentando reposicionarse globalmente pese a las críticas internacionales. El deporte no solo entretiene. También reorganiza el estado emocional de un país. Cosa que a México le ultra urge!

Desde esa lógica, suspender clases parcialmente o modificar calendarios escolares probablemente fue visto por Mario Delgado no como un sacrificio educativo… sino como una medida operativa y simbólica para facilitar movilidad, logística, turismo, seguridad y administración urbana durante un evento extraordinario.

Y México ya ha hecho cosas parecidas antes. Basta recordar cómo, en medio de una de las etapas más delicadas de violencia asociada al Nemesio Oseguera Cervantes y al crecimiento del Cártel Jalisco Nueva Generación, el país seguía celebrando con absoluta normalidad el Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco. Tenistas internacionales. patrocinadores globales. fiestas. transmisiones espectaculares. drones mostrando el mar al atardecer. Mientras tanto, a pocos kilómetros y en buena parte del país, la conversación internacional giraba alrededor de violencia, control territorial y narcotráfico. México tiene una capacidad extraordinaria para producir postales aspiracionales incluso cuando el edificio institucional cruje por dentro.

El problema aparece cuando esa decisión se analiza fuera del Excel político.

Porque México no es Finlandia suspendiendo actividades en un sistema educativo consolidado. México viene arrastrando daños educativos profundísimos desde la pandemia. Datos del Banco Mundial y de la UNESCO han advertido que América Latina sufrió una de las pérdidas de aprendizaje más severas del planeta tras el cierre prolongado de escuelas por COVID. Y México no salió precisamente bien librado.

Millones de estudiantes tuvieron rezagos en lectura, matemáticas y comprensión básica. La SEP misma reconoció problemas importantes de abandono escolar y recuperación académica. Entonces cuando un país con esas fracturas educativas plantea quitar tiempo efectivo de clases por un espectáculo deportivo… inevitablemente se produce un choque simbólico muy fuerte.

La lectura pública termina siendo devastadora: “el Mundial importa más que la educación”.

Y honestamente, aunque esa quizá no haya sido la intención real, en política importa más cómo se interpreta una decisión que cómo se redacta internamente.

Además hay otro factor que probablemente sí pesó en el cálculo político: la dimensión económica.

El Mundial 2026 representa miles de millones de pesos en derrama turística, movilidad, consumo, publicidad, derechos comerciales y activación económica. Según estimaciones de FIFA y análisis de consultoras internacionales, ciudades sede suelen experimentar incrementos relevantes en ocupación hotelera, consumo gastronómico y actividad comercial. Para un gobierno, eso significa oportunidad narrativa inmediata: empleo temporal, turismo, inversión y percepción de dinamismo.

Y aquí aparece algo muy mexa: la obsesión histórica por los eventos escaparate.

México lleva décadas usando grandes eventos como mecanismos de validación internacional. Olimpiadas del 68. Mundial del 70. Mundial del 86. Fórmula 1. Y ahora el Mundial 2026. Existe una necesidad psicológica e institucional de demostrarle al mundo que seguimos siendo capaces de organizar espectáculos de primer nivel incluso cuando internamente existen enormes grietas estructurales.

Por eso la decisión tiene algo profundamente simbólico.

Porque refleja una vieja lógica política mexicana: priorizar la experiencia emocional colectiva de corto plazo sobre la construcción lenta y silenciosa de instituciones sólidas. El estadio lleno siempre genera más legitimidad inmediata que un salón funcionando correctamente.

Y tampoco hay que ignorar otro elemento brutalmente pragmático: la conversación pública.

BUn Mundial distrae. Reconfigura prioridades mediáticas. Baja tensión política temporalmente. Cambia agendas de opinión. Reduce espacio para temas incómodos. Ningún gobierno del mundo desconoce eso. Durante treinta días las portadas hablan de goles, turistas, ceremonias y banderas. La realidad no desaparece… pero sí pierde reflectores.

Tal vez Mario Delgado creyó que el costo político sería menor porque asumió que la emoción mundialista compensaría la molestia social. Y quizá parcialmente tenga razón. Mucha gente efectivamente celebrará el ambiente festivo.

Pero el riesgo es otro.

Que México termine confirmando una idea peligrosísima sobre sí mismo: que seguimos siendo un país dispuesto a pausar lo importante para producir espectáculo, priorizando lo urgente, sobre lo importante…

Just saying…

 


Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Cadena Politica. El contenido ha sido publicado con fines informativos y en ejercicio de la libertad de expresión.