Tensiones estructurales y redefinición del ecosistema creativo: T–MEC

Los derechos de autor se encuentran entre la protección jurídica y la fragilidad del creador contemporáneo, a partir de la entrada en vigor, en 2020, del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que generó un cambio de paradigma en la forma de entender la propiedad intelectual; en el capítulo 20 se introdujeron estándares más exigentes en la protección de derechos de autor, marcas y patentes, impulsando lo digital. La creación y difusión de contenidos ya no depende de soportes físicos, cuando el valor económico se concentra en activos intangibles que cruzan fronteras en instantes.
Esto impactó la realidad de los creadores culturales, oscilando entre nuevas oportunidades de distribución global y la persistencia de viejos problemas, como la piratería o la falta de mecanismos eficaces para defender sus derechos por sus creaciones. Ahora, la revisión del T-MEC suma presiones desde Estados Unidos para reforzar la aplicación de la ley, poniendo en juego no sólo el cumplimiento normativo, sino el lugar de la creatividad en la economía regional.
Las exigencias
El T-MEC elevó el nivel de exigencia en materia de derechos de autor, obligando a los tres países a fortalecer sus sistemas de vigilancia, mejorar procesos judiciales y coordinar instituciones. En el caso de México, esto se tradujo en reformas legales y una mayor actividad contra la piratería, tanto en mercados físicos como en plataformas digitales, fortaleciendo el marco normativo.
En la práctica, para muchos creadores, el fortalecimiento legal no siempre se traduce en protección efectiva por la rapidez del cambio en el entorno, cuando gran parte de la distribución depende de plataformas tecnológicas que operan con intereses y reglas propias, mediadas por algoritmos y modelos de negocio globales. El autor, que antes controlaba su obra directamente, ahora depende de intermediarios que determinan visibilidad, ingresos y alcance.
Ahí aparece una de las tensiones centrales, las grandes empresas titulares de derechos cuentan con equipos legales, recursos tecnológicos y capacidad de presión suficiente para defender sus activos, mientras los creadores individuales enfrentan costos elevados y procesos complejos, además de enfrentar problemas como la piratería, que desafortunadamente se ha señalado en México, por falsificación y distribución ilegal de contenidos, lo que erosiona ingresos y desincentiva la creación.
Desde el ángulo económico, la propiedad intelectual se ha convertido en una pieza clave para atraer inversión, con industrias como el entretenimiento y software que requieren certeza jurídica para operar. En ese sentido, el T-MEC busca ofrecer un entorno más predecible y competitivo, aunque esto provocará un posible desequilibrio entre proteger derechos y garantizar acceso, siendo que nuestro país es una economía emergente, y por tanto una regulación demasiado restrictiva puede limitar la circulación cultural y encarecer el acceso a bienes creativos.
La revisión del tratado deja ver el peso de Estados Unidos en la definición de estándares, en sectores donde la propiedad intelectual es un activo central, siendo que los grupos de trabajo con participación privada apuntan a una gobernanza compartida, aunque con asimetrías de influencia, lo que anticipa mayores sanciones, regulación más estricta del entorno digital y mecanismos ágiles para retirar contenidos ilícitos, en definición del balance entre protección y libertad creativa.
Conclusiones
El debate sobre derechos de autor en el T-MEC no es sólo jurídico, sino que se trata de definir quién captura valor en una economía donde las ideas, las imágenes y las narrativas se han vuelto activos centrales, siendo que fortalecer la propiedad intelectual es indispensable para incentivar la innovación y atraer capital, pero el diseño actual del sistema tiende a beneficiar a quienes ya tienen estructura.
Se requiere construir mecanismos que permitan a los creadores independientes participar en condiciones más equitativas mediante sistemas de gestión colectiva transparentes, acceso real a justicia y modelos de monetización más justos.
Finalmente, la evolución del T-MEC en esta materia será determinante para la competitividad de la región.
¿El T-MEC puede evolucionar hacia un modelo que proteja lo corporativo y a los creadores independientes?
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