Tianguis 50. La vitrina de un destino que exige más que narrativa
Irene Muñoz
El regreso del Tianguis Turístico a Acapulco en su edición número 50 no puede leerse únicamente como una celebración; es en el fondo, una operación de contención en uno de los momentos más delicados para el destino. Mientras el evento proyecta orden, dinamismo y capacidad, la realidad que lo rodea es mucho más compleja y no puede ignorarse sin costo.
Acapulco llega a este aniversario con una narrativa oficial de recuperación, pero también con una percepción extendida de abandono en amplias zonas, espacios deteriorados y una vida urbana que aún no logra recomponerse del todo. Hay áreas emblemáticas que siguen sin recuperar su vitalidad, zonas turísticas que no alcanzan el estándar que exige el viajero internacional y una sensación persistente de desconexión entre el esfuerzo institucional y la experiencia cotidiana. A esto se suma un entorno marcado por episodios de violencia y tensiones sociales que, aunque no definen por completo al destino, sí influyen en cómo es percibido desde fuera.
El Tianguis, en ese contexto, funciona como un paréntesis cuidadosamente construido. Durante unos días, Acapulco logra mostrarse operativo, atractivo y competitivo; y ese logro es importante ya que en turismo, la percepción es capital. Pero el riesgo es evidente. Si la narrativa del evento no se sostiene después, como ocurrió hace dos años, la brecha entre lo que se mostró y lo que se vive puede erosionar aún más la confianza.
Después del huracán Otis que azotó y lastimó a este puerto emblemático en 2023, se hicieron esfuerzos importantes para llevar el Tianguis Turístico en 2024. Se prometió la recuperación el puerto, la reactivación del turismo y regresar a la gloria a Acapulco. Todas esas promesas no solo no se cumplieron sino que las grietas se han hecho más profundas y tenemos espacios como La Isla y muchos otros cerrados o completamente abandonados, inclumpliendo con la promesa del pasado.
Aquí es donde el análisis deja de ser cómodo. Si bien México ha demostrado que sabe reinventarse, organizar, convocar y proyectar, cuando no se le da la prioridad que requiere, ni se atiende a los destino, una joya icónica como lo era Acapulco, desaparece poco a poco del radar de los visitantes nacionales e internacionales.
En esta edicion del Tianguis Turístico en Acapulco, ese es el reto, pasar del discurso y las fotos a lo estructural. Una prueba de la falta de ello es la Copa Mundial de la FIFA 2026, los viajeros preguntan por destinos de playa por supuesto, pero Acapulco no se enceuntra entre ellos.
Respecto del evento, el turismo global dejó de premiar únicamente la promoción y empezó a exigir consistencia, seguridad, calidad urbana y experiencias completas. Y en ese terreno el país, y particularmente destinos como Acapulco, todavía tienen pendientes claros.
Comparado con mercados internacionales, el Tianguis sigue operando más como una vitrina que como una plataforma de transformación. Se generan miles de citas, pero no existe una trazabilidad pública clara sobre cuántas se convierten en negocio real. Se promueve el destino, pero no siempre se abordan de frente los factores que condicionan su competitividad; y ahí es donde el éxito se vuelve relativo. Es exitoso en forma, pero aún insuficiente en fondo.
El verdadero examen empieza ahora, cuando los compradores regresen a sus mercados, cuando los turistas decidan si vuelven o no, cuando la ocupación se mida sin el impulso del evento. Ahí se sabrá si lo ocurrido fue un punto de inflexión o solo un respiro.
Porque el Tianguis puede maquillar por unos días. Pero el turismo, al final, siempre termina revelando la verdad.
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