EU endurece el juego migratorio, avances selectivos y esperas interminables en nuevas reglas de “green card”

DANIEL LEE

Por : Daniel Lee

El sistema migratorio de Estados Unidos vuelve a moverse, pero no necesariamente a favor de todos. Las nuevas pautas para mayo de 2026 dejan claro que avanzar hacia la residencia permanente sigue siendo un privilegio condicionado, desigual y, en muchos casos, desesperadamente lento.
Las reglas, basadas en el Boletín de Visas, mantienen un doble estándar: mientras los procesos familiares podrán adelantarse con la tabla de “fechas para presentación”, los solicitantes por empleo quedan atados a la rígida “acción final”, es decir, solo avanzan cuando hay visa disponible. En términos simples: unos pueden iniciar; otros, esperar.
Hay una excepción que rompe la norma: la categoría F2A —cónyuges e hijos menores de residentes permanentes— aparece como “Current”. Esto significa acceso inmediato, sin importar país de origen. Es la buena noticia en un sistema que, en general, ofrece pocas.
Porque el contraste es este: Hijos solteros de ciudadanos mexicanos enfrentan retrasos de hasta 17 años. Los hijos casados, más de dos décadas. No es burocracia: es una fila que no avanza.
En el ámbito laboral, el panorama tampoco es equitativo. Aunque existen 140 mil visas anuales, países como India y China siguen topados por el límite del 7%, lo que perpetúa retrasos estructurales. La residencia, en estos casos, no depende del mérito, sino del origen.
El único alivio parcial es el permiso de trabajo (EAD), que puede solicitarse mientras el trámite sigue en revisión. Pero incluso este beneficio es temporal y no resuelve el problema de fondo: un sistema saturado que administra la esperanza con cuentagotas.
A esta realidad se suman las críticas desde las comunidades mexicanas organizadas. Desde #FuerzaMigrante, con presencia activa en California y Texas, el diagnóstico es directo: las nuevas disposiciones no corrigen el rezago histórico que enfrentan los mexicanos dentro del sistema migratorio estadounidense.
También en esos estados, otras organizaciones como Coalition for Humane Immigrant Rights y RAICES advierten que las nuevas reglas no representan un cambio estructural, sino apenas ajustes que mantienen intactos los rezagos históricos.
El señalamiento es contundente: mientras una pequeña parte de solicitantes logra avanzar, la mayoría —especialmente mexicanos— sigue atrapada en listas de espera que superan la década. Para estos colectivos, el sistema no está roto por accidente, sino que funciona con límites que prolongan la incertidumbre y la separación familiar.
Al final, todo se reduce a una fecha: la de prioridad. Un número que define si una vida puede avanzar o quedarse congelada en espera. En el laberinto migratorio estadounidense, mayo no trae un cambio de rumbo, sino la confirmación de una realidad incómoda: el acceso a la residencia sigue siendo selectivo, desigual y profundamente limitado.
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