Calimaya bajo el agua por omisión gubernamental
¿Por qué el gobierno ignoró el riesgo ambiental?
La negligencia administrativa y la falta de infraestructura hidráulica cobraron factura a los habitantes del Estado de México. Durante la tarde del miércoles 6 de octubre, las precipitaciones pluviales colapsaron la comunidad de San Isidro, en el municipio de Calimaya. El desbordamiento de un río local dejó al descubierto la ineficacia estatal para prevenir desastres naturales en zonas vulnerables.
Como consecuencia directa de esta ausencia de mantenimiento en los cauces, el agua invadió decenas de viviendas y destruyó múltiples tierras de cultivo. Los productores locales observaron cómo la corriente arrastraba su patrimonio ante la mirada impávida de las autoridades. Además, el desastre escaló rápidamente hacia las vías de comunicación, donde la carretera a Tenango quedó totalmente sumergida, bloqueando el tránsito y aislando la región.
El impacto directo en el patrimonio ciudadano
La crisis en Calimaya no representa un evento aislado, sino que refleja el abandono institucional que padecen los municipios mexiquenses. Los vecinos de San Isidro denunciaron que el ayuntamiento y el gobierno estatal ignoraron las advertencias previas sobre el estado del río. En lugar de ejecutar obras de limpieza y desazolve, el presupuesto público parece desviarse de las prioridades de seguridad civil.
¿Quién reparará los daños en San Isidro?
Hasta el momento, ninguna dependencia ha presentado un plan de indemnización para los agricultores y familias que perdieron sus bienes materiales. La parálisis oficial ante la emergencia agrava la indignación de una población que paga impuestos sin recibir protección básica. Mientras el lodo permanece en las salas de las casas, la administración central mantiene un silencio cómplice sobre la falta de muros de contención.
Esta catástrofe evidencia que la corrupción o la simple incapacidad técnica en la gestión de aguas genera tragedias evitables. La inundación de la vialidad hacia Tenango simboliza un gobierno que, literalmente, deja que el agua le llegue al cuello a sus ciudadanos más desprotegidos.
