Cultura política.
Fronstipicio
Por : Edgar Mereles Ortíz.
“Reforma electoral sin sentido democrático es dictadura a secas.” Hermenegildo García.
Desde hace cuarenta años me he dedicado a la actividad política del país y en la Ciudad de México. Me tocó luchar al interior del PRI por la democratización del Distrito Federal; para las nuevas generaciones, me parece importante mencionarles que todavía hace 29 años, el gobernante del D.F. era un funcionario designado directamente por el Presidente de la República en turno; así se hizo desde 1924 cuando Álvaro Obregón pulsó el poder política y económico que otorga la capital del país y, para no perder el control político, tentación que tenía muy acendrada el sonorense,optó por hacer las reformas constitucionales necesarias.
Así, en 1994, Ernesto Zedillo designó al último regente o jefe del Departamento del Distrito Federal, Oscar EspinozaVillareal.
En 1990 hubo un movimiento político que exigía la elección directa, universal y personal del gobernante de la ciudad por parte de los electores. En marzo de 1993, se organizó un referéndum que sólo sirvió como ejercicio de visibilizaciónde los afanes democráticos que algunos abrazábamos. Hacer eso desde las filas del PRI era una apuesta de riesgo y costos, sin embargo hubo cuatro personajes que, entendiendo nuestros argumentos decidieron dejarnos participar: Ricardo Castillo Peralta, Eduardo Sáenz Viesca, Alfredo de la Rosa y Roberto Campa Cifrian. Esto no significa que ellos estuvieran a favor de dicho referéndum pero toleraron que un puñado de jóvenes pudiéramos ser parte de ese movimiento.
Desde entonces la semilla por la democratización fue plantada para siempre dando sus frutos en 1997 cuando se celebró la primera elección del jefe de gobierno, siendo Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano quien resultara electo.
El proceso de democratización venía acompañado de una cultura política que estudiaba las corrientes del pensamiento político de otras latitudes, así como de nuestro país. Al estudiar ideas empezamos a generar las nuestras y a buscar los espacios de participación donde pudiéramos expresar y difundir lo que pensábamos. En aquel entonces yo era el Director del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales Juvenil, nuestro centro era un reflejo del CEPES del PRI y quien lo dirigía era Ignacio Marván un excelente político, académico e intelectual.
La cultura política no es un evento para unos cuantos o no debería de ser así, especialmente por que el mundo de las ideas termina influyendo en todos los espacios y las actividades humanas. La cultura política debe ser un derecho de los militantes y de los ciudadanos para consolidar sus convicciones y actuar en consecuencia; así como también, una obligación para las dirigencias partidistas y directivos legislativos y de gobierno por hacer todo lo necesario para que la cultura política sea democrática, accesible, incluyente y permanente.
Uno de los capítulos más contundentes en la historia reciente que nos confirma el valor de los principios de la cultura política es la transición española. Los dirigentes de todas las expresiones y geometrías políticas pusieron sus ideas sobre las mesas para la construcción de un Estado democrático, con un gobierno electo y reconocido por un sistema de elecciones legales y legítimos. Cuando los constructores de la propuesta del gobierno español encabezados por Adolfo Suárez se sentaron a la mesa con los falangistas, franquistas, derechistas, socialistas, comunistas y separatistas o nacionalistas lo primero que ofrecieron fue una comunicación para entenderse, una propuesta que los incluyera y una fórmula parlamentaria que los representara. Todo fue una exhibición humana y generosa de la cultura política.
En los prolegómenos del proceso legislativo para la reforma electoral en México, es prioritario, si no es que vital, que la propuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum tenga una dosis de cultura política y no de rencor histórico.
Santa Cruz Xoxocotlán, Huajaca a 2 de febrero del 2026.
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