Cuando la crisis no es el hecho, sino la narrativa

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20 DE NOVIEMBRE DE 2023. CIUDAD DE MEXICO. RETRATOS DE IRENE MUÑOZ PARA SU COLUMNA EN EL UNIVERSAL. FOTO: GERMAN ESPINOSA

Irene Muñoz.

 La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, es un hecho de seguridad pública con implicaciones judiciales y políticas evidentes. Pero para el turismo, y por supuesto para la reputación país, el impacto más profundo no está en el operativo, sino en la narrativa que se construye después.

En la economía global de la atención, la crisis real no es el evento, es el significado que adquiere en cuestión de horas.

 El turismo no funciona con mapas, funciona con percepciones. Un incidente localizado no se interpreta como tal en la mente del viajero internacional; se convierte en señal de riesgo nacional. La lógica es emocional, no geopolítica, y en un entorno digital donde imágenes virales reales o generadas con inteligencia artificial circulan antes que los datos confirmados, la percepción se endurece y consolida con rapidez y antes que la verdad.

 El momento es especialmente sensible. Méxicoestá a las puertas de la Copa Mundial de la FIFA 2026, un escaparate global que someterá a sus ciudades sede a escrutinio permanente. No se evaluará únicamente la seguridad real, sino la capacidad de gestión visible del país. Las declaraciones oficiales son necesarias, pero el mercado turístico responde a la evidencia operativa, protocolos claros y coordinación institucional real.

 La historia internacional es inequívoca. Tras los atentados de 2015, Francia perdió alrededor del 7% de sus visitantes al año siguiente, pese a que su infraestructura turística siguió funcionando. Japón cayó casi 30% tras Fukushima en 2011 y recuperó la confianza en menos de dos años con transparencia informativa. Colombia triplicó su llegada de turistas entre 2002 y 2019 al reposicionarse de manera sostenida. En todos los casos, el daño inicial lo produce el shock narrativo; la recuperación la produce la evidencia de control. La confianza turística no vuelve por optimismo, vuelve cuando el sistema funciona y se ve funcionar, en México el gobierno y su gobernanza, a partir de los eventos y hasta hoy, lo está demostrando con eficacia.

Nuestro país ya conoce este fenómeno. La captura de “El Chapo” Guzmán o el “Culiacanazo” mostraron cómo la viralización de imágenes puede redefinir en horas la conversación global. La diferencia hoy es la escala de exposición y la proximidad de un megaevento que convierte cualquier episodio en tema de interés mundial inmediato.

El riesgo no es simbólico. El turismo representa cerca del 8.5% del PIB nacional considerando efectos directos e indirectos. Una percepción negativa impacta reservas, congresos, inversión hotelera y conectividad aérea. Pero también es una industria profundamente resiliente cuando existe gobernanza clara. El viajero contemporáneo no exige ausencia de crisis; exige capacidad de respuesta confiable.

 Y esda capacidad no depende sólo del gobierno.

Depende de la unión real de toda la industria turística. Aerolíneas, hoteles, organizadores de eventos, destinos, operadores, gobiernos federales, estatales y locales deben actuar como un solo sistema, La confianza internacional no se construye con mensajes aislados, sino con coherencia operativa colectiva.

También precisa de algo más amplio, la cooperación internacional en seguridad y gestión de riesgos. El turismo global es una red independiente. La protección del viajero no es únicamente un asunto nacional, es el intercambio de inteligencia, protocolos compartidos, estándares comunes y colaboracón entre países emisores y receptores. Hoy más que nunca, la seguridad del turismo es una arquitectura transnacional.

Pero el círculo no se cierra ahí. Un destino no puede ser seguro para el visitante si no es segurp para quien vive en él. La confianza internacional nace de la estabilidad cotidiana. La protección del turista y la del ciudadano son la misma política pública. Cuando funciona para uno, funciona para ambos; cuando falla para uno, tarde o temprano falla para todos.

Ahí está el verdadero punto de inflexión. Méxicono compite sólo por atractivos; compite por certidumbre sistémica. En la economía de la reputación, los hechos importan, pero el encuadre importa más. La caída de un líder criminal puede interpretarse como inestabilidad o como evidencia de capacidad del estado.  Todo depende de la respuesta coordinada que el mundo observe.

El turismo es una industria de confianza anticipada ya que se compra la promesa de una experiencia futura. Cuando la narrativa dominante introduce incertidumbre, la decisión se pospone. Cuando la narrativa muestra control colectivo, la confianza regresa con rapidez sorprendente.

México ha demostrado que tiene capacidad de respuesta, que puede actuar, coordinarse y sostener la operación incluso bajo presión. Sin embargo, en la economía global de la reputación, la confianza no es un logro permanente, es un equilibrio que debe sostenerse todos los días.

Porque el mundo no observa momentos aislados, observa consistencia. No mide intenciones, mide continuidad. No evalúa reacciones puntuales, evalúa sistemas que nunca se detienen. La credibilidad de un destino no se pierde por una crisis, se pierde cuando baja la guardia después de haberla superado. Y hoy, más que nunca, México no puede permitirse demostrar capacidad sólo cuando es puesto a prueba, sino hacerlo incluso cuando nadie parece estar mirando.


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