Alethia Hernandez

Por: Alethia Hernández.

Tener a Dios en la barca no significa que el mar vaya a estar en calma. No es una promesa de cielos despejados ni de travesías sin sobresaltos. Es, más bien, una certeza distinta y mucho más incómoda para quien busca seguridades fáciles: las tormentas llegarán de todos modos. El viento soplará fuerte, las olas golpearán sin aviso y habrá momentos en los que parecerá que la barca no resiste un embate más.

Esta idea desmonta una de las creencias más extendidas —y más dañinas— de la espiritualidad superficial: la idea de que la fe es un escudo contra el dolor, el fracaso o la incertidumbre. No lo es. La frase lo dice con claridad: la presencia de Dios no cancela las tormentas. No las evita. No las posterga. No negocia con ellas.

La diferencia está en otro lugar.

Cuando se afirma que ninguna tormenta puede hundir la barca, no se está negando la fuerza del mar, sino afirmando algo más profundo: que hay una estabilidad que no depende de las condiciones externas. Que hay una presencia que no se diluye cuando el miedo aparece. Que la barca puede crujir, mojarse, desviarse, pero no desaparecer.

Tener a Dios en la barca no es garantía de comodidad, es una invitación a la resistencia. No promete ausencia de dolor, sino sentido en medio de él. No elimina el riesgo, pero transforma la manera de enfrentarlo. La tormenta sigue siendo tormenta, pero deja de ser sentencia.

En los momentos más duros, cuando el agua entra y la noche parece interminable, esta idea cobra su verdadera dimensión. No se trata de no sentir miedo, sino de no permitir que el miedo gobierne. No se trata de negar la realidad, sino de no perder el rumbo.

Quizá por eso esta frase no consuela de inmediato. No es un calmante, es un ancla. Nos recuerda que la fe no es evasión, sino permanencia. Que no sirve para escapar del mar, sino para atravesarlo.

Las tormentas seguirán llegando. Eso no está en nuestras manos. Pero hundirse no es inevitable cuando la barca no navega sola.


Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Cadena Política. El contenido ha sido publicado con fines informativos y en ejercicio de la libertad de expresión.