Romeritos: más que un platillo decembrino, una tradición

Romeritos: más que un platillo decembrino, una tradición, ¿qué llevan?
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El quelite que marcó la cocina decembrina
Los romeritos regresan cada fin de año a miles de mesas en México. Su presencia anuncia la llegada de la temporada navideña y, más adelante, la Cuaresma. Este ingrediente aporta un sabor que combina notas terrosas y salinas, rasgos que lo vuelven inconfundible en preparaciones como el mole con papas, nopales y camarón seco. Su arraigo se explica por su profundidad histórica, su valor simbólico y la permanencia de técnicas culinarias que han pasado de generación en generación.
¿Qué son y por qué tienen tanta historia?
Los romeritos pertenecen al género Suaeda, una planta considerada quelite, es decir, una hierba comestible usada desde tiempos prehispánicos. Crece de manera silvestre en suelos alcalinos o salinos del centro del país, lo que le da ese toque ligeramente salino que destaca en cada bocado. Esta hoja tierna mantiene firmeza al cocerse y otorga equilibrio en guisos con mole, donde comparte protagonismo con los nopales y las papas.
En sabor, las familias suelen describirlos como un punto medio entre la espinaca y otros verdes, aunque con matices más profundos. Su aporte nutrimental también influye en su popularidad: contienen hierro, fibra, vitamina A, vitamina C y proteína vegetal, por lo que se consideran un alimento accesible y valioso durante las festividades.
Su presencia en celebraciones tiene raíces antiguas. En la época prehispánica formaban parte de los ciclos alimentarios de las milpas y se consumían como un quelite cotidiano. Con la llegada del mestizaje culinario, los romeritos se fusionaron con el mole y otros ingredientes novohispanos, convirtiendo un plato indígena en una receta tradicional que, con el tiempo, se volvió esencial en diciembre y Semana Santa.
Romeritos en la mesa mexicana
El sabor herbáceo-salino de los romeritos combina de forma natural con moles espesos y complejos. Ese contraste de hoja firme con la suavidad de las papas y la textura de los nopales crea un platillo que muchas familias consideran indispensable en reuniones de fin de año. Aunque la versión con mole es la más conocida, existen variantes: algunas recetas los preparan sin mole, otras los integran en ensaladas o los adaptan a propuestas contemporáneas. También pueden saltearse con ajo y cebolla como guarnición ligera.
La accesibilidad del ingrediente también explica su arraigo. Su temporada coincide con diciembre y con la Cuaresma, lo que lo convierte en un “marcador” natural del calendario culinario. Además, su cultivo es sencillo y su costo suele ser moderado, de modo que está presente en hogares de distintos contextos.
Como acompañamiento, lo más común es servirlos con tortillas de maíz recién hechas o pan bolillo, y equilibrarlos con bebidas ligeras como agua de jamaica o infusiones herbales. Su versatilidad y su historia hacen que, más allá del gusto, representen una conexión con la cocina tradicional mexicana.
Los romeritos no sólo forman parte de un menú de temporada; simbolizan un vínculo entre la cocina indígena, la tradición mestiza y la convivencia familiar que define las celebraciones de fin de año en México.
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