Poliédrico: Fragmentos que dialogan, obras que transforman, una noche que unió a Durango
Por : Karina Fernández
El viernes pasado, el Museo Francisco Villa de Durango abrió sus puertas a una de las inauguraciones más concurridas y vibrantes de los últimos meses: Poliédrico, la exposición que antecede a la subasta organizada por CREA Ceballos en colaboración con Bosscal Mezcal. La tarde se llenó de un murmullo constante, de pasos que avanzaban con curiosidad y de conversaciones que buscaban descifrar el sentido profundo de cada pieza. Como promotora cultural, art dealer y art manager con años trabajando en proyectos nacionales e internacionales, tuve la oportunidad de acompañar de cerca este esfuerzo y de presenciar un encuentro artístico que sobrepasó cualquier expectativa.
La propuesta curatorial de Poliédrico, definida por la pluralidad de estilos y la presencia de artistas que han consolidado su voz en el panorama contemporáneo, logró que el Museo Francisco Villa se transformara, por unas horas, en un espacio donde el arte circulaba con naturalidad entre visitantes de perfiles distintos. El catálogo preparado para esta edición reúne a creadores como:
José Luis Ramírez,
Paty Aguirre,
Eduardo Lizárraga,
Kathia Rosso,
Mariel Carrasco,
Rogelio Dominguez Breceda,
Aletsi Contreras,
Aranzazú Cruz,
Ricardo Treviño,
Ricardo Fernández,
Oscar Mendoza,
Alejandro Rutiaga,
Ernesto García,
Héctor Herrera,
Pablo Llana,
Yoel Díaz,
Joaquín Flores,
Manuel Solís,
Antonio Chaurand,
Adriana Mejía,
Itzamna Reyes,
Flor Minor,
Fernando Tames,
Dan Montellano,
Fernando Aceves Humana,
Cesar Gustavo Mendez,
Robie Espinosa,
Ninfa Torres,
Manuel Mathar,
Ermilo Espinosa…
participantes que aportan visiones diversas al diálogo visual que da identidad al proyecto.
Desde mi propia experiencia profesional, acostumbrada a transitar entre ferias, exposiciones y colecciones privadas, puedo afirmar que pocas veces se percibe una energía como la que se vivió esa noche. Durango respondió con una asistencia excepcional. Figuras del ámbito cultural, empresarios, autoridades, coleccionistas, jóvenes interesados en iniciarse en la adquisición de arte y miembros destacados de la sociedad local se dieron cita para participar de una muestra que combina la fuerza creativa con un propósito social tangible. La subasta no sólo ofrece la posibilidad de adquirir obra de calidad, sino también de respaldar las iniciativas de CREA Ceballos, destinadas a fortalecer la producción cultural en la región.
Lo más valioso de la noche fue el encuentro entre mundos que pocas veces se cruzan: artistas emergentes dialogando con coleccionistas experimentados; estudiantes conversando con curadores; familias duranguenses descubriendo técnicas, medios y discursos que no siempre encuentran en su entorno cotidiano. Es ahí donde el arte demuestra su mayor potencia: en su capacidad de reunir universos distintos en un mismo punto.
A lo largo del recorrido, las piezas exhibidas mostraron una pluralidad sorprendente. De pinturas en pequeño formato hasta obras sobre vidrio, del hiperrealismo a la abstracción, de lo íntimo a lo simbólico. Cada obra proyectaba una mirada distinta, un fragmento de la sensibilidad de su creador. Poliédrico hace honor a su nombre: es un mosaico de voces que, sin perder su singularidad, se integran en un cuerpo unitario y coherente.
Me detuve varias veces a observar las reacciones del público. Las miradas largas frente a algunos cuadros. Las preguntas sobre técnicas y materiales. Los silencios que surgen cuando una obra toca algo profundo. Todo eso era parte del tejido vivo del evento. No sólo se trató de inaugurar una exposición: fue un acto de comunidad. Emotivo! Vibrante!
Durante la velada, varias personas se acercaron a conversar sobre el futuro del arte mexicano, sobre la importancia de conectar la producción local con circuitos internacionales y sobre los desafíos que enfrentan los proyectos independientes. En ese contexto, compartí también un anuncio que para mí tiene un significado especial: próximamente estará el Maestro José Luis Ramírez presentando esta selección de obra en Miami durante las fechas de Art Basel, uno de los momentos más relevantes del calendario global del arte contemporáneo. Si bien mi trabajo no es el de creadora plástica, sino el de representante, promotora y estratega cultural, participar en la dinámica de Art Week Miami de la mano de mi querido Maestro y Amigo José Luis Ramírez, siempre representa un paso importante: un momento donde se tejen redes, se fortalecen alianzas y se abren oportunidades para los talentos con los que colaboro con el cuerpo y con el alma.
La noticia despertó interés entre varios asistentes que reconocen el impacto que este tipo de plataformas internacionales tiene para artistas y proyectos mexicanos. La conversación se volvió naturalmente hacia el papel de Durango en el mapa cultural del país, hacia la necesidad de continuar profesionalizando el ecosistema artístico y hacia el valor de que iniciativas como Poliédrico apuesten por una visión más amplia y conectada del arte.
Cuando la noche comenzó a cerrarse, quedó la sensación de que algo significativo había sucedido. Poliédrico no fue sólo una muestra: fue una declaración. Una demostración de que el arte tiene la fuerza de reunir a una comunidad entera, de abrir espacios de reflexión y de crear puentes que llevan tanto hacia adentro, a la identidad local, como hacia afuera, al mundo del arte global.
El Museo Francisco Villa se despidió de sus visitantes con la misma calidez con la que los recibió. Y mientras las luces se apagaban, quedó clara una certeza: esta exposición marcó un punto de encuentro que seguirá generando conversaciones, conexiones y resonancias mucho después de que la subasta concluya.
Just saying…
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