Mientras otros alertan, Mazatlán avanza
Por Irene Muñoz.
En el competitivo tablero del turismo internacional, pocos destinos logran revertir percepciones tan arraigadas como Mazatlán. La reciente realización de L’Étape Mazatlán by Tour de France 2025 no fue solo de un evento deportivo, fue un acto de posicionamiento estratégico. Contra todo pronóstico, el puerto sinaloense logró atraer una marca global de enorme prestigio, símbolo de disciplina, excelencia y seguridad logística, justo cuando el discurso público parecía querer hundirlo en la incertidumbre.
Porque sí, mientras Mazatlán demostraba su capacidad organizativa y hospitalaria ante más de 1,200 ciclistas nacionales e internacionales, provenientes de México, España, Colombia, Venezuela, Estados Unidos y Alemania, mismos que generaban una derrama de 36 millones de pesos, el gobernador de Durango, Esteban Villegas, recomendaba públicamente a su población “no viajar a Mazatlán” por motivos de seguridad. Paradójico, viniendo de un estado que tampoco está exento de desafíos en materia de seguridad pública pues con base en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana de INEGI, Durango ha crecido en el porcentaje de Percepción sobre Inseguridad Pública parsando de 36.8% a 49.6%. Más aún cuando este tipo de declaraciones no solo desinforman, sino que dañan el tejido económico de las regiones vecinas, estrechamente interconectadas por el turismo, la hospitalidad y el comercio.
Lo cierto es que, pese a las dificultades, Mazatlán está aprendiendo a contar su historia de otra manera. Su narrativa ya no se define por las coyunturas de violencia, sino por su capacidad de convocatoria y su infraestructura para grandes eventos internacionales. La secretaria de Turismo de Sinaloa, Mireya Sosa Osuna, junto con el gobernador Rocha encabezaron el arranque de la competencia, consolidando un mensaje claro, Mazatlán está listo para jugar en las grandes ligas del turismo deportivo.
L’Étape Mazatlán, fue arropado por los embajadores del Tour de Francecomo Joseba Beloki que subió al podio de esa competencia en tres ocasiones, y Pedro Horrillo, fueron evidencia de la confianza en el destino en el que se disfrutaron las playas, los pueblos y las rutas ciclistas del puerto que se transformaron en un escaparate global para el turismo deportivo, un segmento de alto valor que combina derrama, visibilidad y reputación.
En términos de estrategia de destino, lo ocurrido en Mazatlán es una lección de entereza institucional y de branding territorial. Los destinos con marcas que se pueden considerar comprometidas, ya sea por estigmas históricos o coyunturas, no se reposicionan desde el discurso, sino desde los hechos organizando, atrayendo y cumpliendo. El prestigio internacional no se decreta; se gana pedaleando, con cada evento exitoso que cambia la conversación y eso hizo este destino de playa mexicano.
En un país donde el turismo representa más del 8.5% del PIB nacional y genera millones de empleos, la coordinación entre gobiernos estatales debería ser un principio básico, no una excepción. Descalificar al vecino no protege a nadie; debilita la percepción de todos. Mientras algunos advierten con miedo, otros como Mazatlán prefieren avanzar con determinación.
Mazatlán no pidió permiso, demostró que los destinos valientes se ganan el respeto con hechos, no con discursos. Con el L’Etape Mazatlán by Tour de France, el puerto sinaloense rompió el guion y trazó una nueva ruta para su nombre por lo que esperamos que esta sea solo la primera edición, sino que se convierta en una tradición que cada año confirme lo que hoy ya es evidente, Mazatlán no se rinde, se supera.
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