Iztapalapa y su cruz
Por: Edgar Mereles Ortiz
“Hicieron del vía crucis su vida cotidiana.”
Hermenegildo García.
Hice política en Iztapalapa por casi veinte años, conocí las Unidades Habitacionales La Colmena, Vicente Guerrero, Ejército de Oriente, caminé sus ocho barrios, los pueblos de Santa Cruz Meyehualco, Santa Martha Acatitla, María Aztahuacán; conviví con vecinos de la Juan Escutia, Renovación, Escuadrón 201, Colonial Iztapalapa, Paraíso, etcétera. Conozco Iztapalapa.
Lo que hoy sucede algún día tenía que pasar, de Perogrullo pero cierto.
Iztapalapa hoy es la consecuencia de cincuenta años de ausencia de planeación urbana, administración de crisis y buena voluntad política. Lo que iba a ser un polo industrial para el desarrollo del oriente de la zona metropolitana, terminó en una enredada madeja de intereses ajenos a su futuro y el bienestar de la gente.
Las invasiones de terrenos fueron indiscriminadas, toleradas por el PRI y el PRD, ahora Morena. Las organizaciones como Unión Popular Revolucionaria “Emiliano Zapata” y “Francisco Villa” son parte de la fuerza electoral de los que hoy gobiernan gracias a las invasiones que realizaron en el Cerro de la Estrella, Sierra de Santa Catarina, Santa Cruz Meyehualco, Cabeza de Juárez y muchas más extensiones territoriales.
Las Unidades Habitacionales en la década de los noventa vivieron un fenómeno de “desdoblamiento poblacional” que provocó el “crecimiento” de la vivienda, edificando recámaras, cuartos en espacios comunes, jardines, pasillos, andadores, provocando que en una casa vivieran hasta dos y tres familias: la familia original, la familia del hijo que embarazó a la novia, la familia de la hija que fue embarazada por el novio. Y donde en un principio eran tres o cuatro, después fueron ocho o nueve.
E Iztapalapa creció en población. Algunas colonias como La Norma, Guadalupe del Moral, Leyes de Reforma se convirtieron en huéspedes de flujos migratorios de países centroamericanos y estados del sureste de México. Personas que viven de la venta de artículos en los cruceros viales, de la indigencia y actividades delictivas. Es sorprendente ver que en un cuarto de una vivienda estén grupos de veinte y treinta personas. Un hacinamiento que raya en la esclavitud.
Los flujos migratorios nacionales y extranjeros son tan fuertes que, por un momento, hubo más oaxaqueños en Iztapalapa que en Oaxaca. Tan fuerte era la presencia de esta comunidad, que algunos candidatos a gobernadores iban a Iztapalapa y Ciudad Nezahualcóyotl a hacer campaña.
Iztapalapa padece la acumulación de la mediocridad política, sus delegados, jefes delegacionales y alcaldes desde 1997 no han hecho más que utilizar la fuerza electoral que tiene para empoderar a grupos sin identidad ni interés en los iztapalapenses. La mentira es la forma de hacer política. Nadie ha tenido el valor de decirle a los habitantes de aquella demarcación que nunca habrá agua en la red hídrica de Santa Catarina porque no se cuenta con la presión suficiente para abastecer a toda esa región. Esta es una verdad que estuvo dispuesto a decirla Óscar Espinoza Villarreal pero otras autoridades se lo prohibieron.
En Iztapalapa nunca habrá seguridad, esta es una real utopía porque la impunidad es el velo de la ineficiencia. La corrupción es el aceite que hace funcionar los engranes de las autoridades y fiscales. Nadie se mete con las mafias de tráfico de personas, autopartes robadas, narcóticos, armas, aparatos eléctricos, bebidas adulteradas y una larga lista de delitos.
En Iztapalapa el transporte público y la movilidad son una quimera. Las concentraciones vehiculares son desde las cinco de la mañana hasta las once de la noche de cada día. La conectividad con el oriente de la megalópolis de la zona centro hace crisis ante la infinidad de camiones, autobuses y coches de todo tipo, tamaño y condiciones que transitan. El transporte público, mayoritariamente, está en manos de pulpos, piratas y concesionarios que hacen del usuario una víctima de chóferes drogados, alcoholizados y armados; taxis piratas que aplican tarifas arbitrarias y una red de bicitaxis que funcionan como vendedores al menudeo de drogas.
La inundación que se sufrió el pasado fin de semana es un botón de muestra del daño que tiene la infraestructura urbana.
El socavón de la Colonia Renovación es un mínimo detalle de las cavernas subterráneas que existen en esa zona por haber vaciado el agua que existía bajo el suelo. Esos columpios que hay en la avenida Zaragoza desde Rojo Gómez hasta El Peñón son hundimientos provocados por los yacimientos de agua hoy vacíos y huecos.
En fin. Claramente Iztapalapa vive su cruz y nadie hace nada.
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