La culpa también se viste de temporada

Ana Karina fernández

Por Kary Fernández

Hay quienes creen que las compras socialmente responsables son el nuevo pasaporte al cielo, pero, versión Fashion Week. Porque resulta que salvar al planeta ya no se logra sembrando un árbol ni apagando la luz cuando sales del baño: ahora lo haces comprando esa camiseta “eco” que, irónicamente, viene envuelta en tres capas de plástico biodegradable.

El fast fashion es como esa ex pareja tóxica que sabes que no te conviene, pero ahí estás, cayendo una y otra vez en la tentación. Te ofrece novedades, brillos y la sensación momentánea de que estrenar cada semana te convierte en alguien más interesante. Pero detrás de ese vestido de 299 pesos hay más drama que en una telenovela de Televisa: trabajadores explotados, fibras sintéticas que acabarán en el océano y, por supuesto, toneladas de ropa tiradas porque, sorpresa, la costura se descosió a la segunda lavada.

La mercadotecnia, esa gran titiritera, nos vende la “conciencia” como si fuera la última tendencia. Quieres ser fashion y responsable? Perfecto, aquí tienes tu colección cápsula de “moda sustentable”, confeccionada exactamente en la misma fábrica de siempre, solo que ahora la etiqueta es color verde bosque y el maniquí del aparador abraza un cactus. Ingenioso? Sí. Hipócrita? También. Pero, ah! cómo funciona.

Y a ver, no se trata de que la compra socialmente responsable sea un error. El problema es cuando se convierte en performance. Porque, aceptémoslo, hay gente que no compra por convicción, sino por posteo. No quieren salvar al planeta, quieren que el planeta sepa… vía Instagram Stories, que ellos están intentando salvarlo.

La mercadotecnia supo jugar su carta maestra: la culpa. Nos convencieron de que si no consumes responsablemente eres un villano con huella de carbono del tamaño de un tráiler. Y como nadie quiere ser el malo de la película, todos corremos a pagar más por esa prenda “ética”, que mágicamente cuesta tres veces más que la versión “normal”. La diferencia? Una etiqueta que dice “100% algodón orgánico” y un comunicado de prensa lleno de palabras como sostenible, empoderamiento y futuro verde.

Comprar responsable se volvió la versión millennial de ir a misa los domingos: lo haces más por sentirte en paz contigo que por verdadera fe. Y, como buen rito, implica un sacrificio: tu cartera. Porque claro, salvar al mundo no es barato.

Así que la próxima vez que estés a punto de comprar ese vestido “consciente”, piensa si lo haces por ti, por Instagram o porque de verdad te importa la causa. Al final, la mercadotecnia seguirá dictando la moda, pero recuerda: la culpa, como todo buen accesorio, nunca pasa de moda.

Just saying…

 


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