Adictos al dulce: la epidemia silenciosa que amenaza la salud global, según especialistas

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Muertes y consumo en aumento

La epidemia del azúcar representa una amenaza silenciosa para la salud global, de acuerdo con especialistas en nutrición y endocrinología. Cada año, cerca de 184,000 muertes se atribuyen al consumo de productos azucarados y la mayoría ocurre en América Latina, región donde el acceso a ultraprocesados crece de manera sostenida.

En el libro Mala leche. El supermercado como emboscada, la periodista Soledad Barruti documenta que alrededor del 80% de los productos disponibles en supermercados contienen azúcar. La cifra llega casi al 100% en los alimentos dirigidos a la infancia, lo que expone a los niños a un riesgo mayor de obesidad y enfermedades metabólicas desde edades tempranas.

El pediatra y endocrinólogo Robert Lustig, investigador de la Universidad de California, explica que el azúcar, en cualquiera de sus formas, se compone de glucosa y fructosa. El exceso de glucosa obliga al páncreas a liberar insulina de forma acelerada para llevar la energía a las células. Cuando no se utiliza, se transforma en grasa, sobre todo en la zona abdominal. Lustig advierte que esta acumulación de grasa abdominal está vinculada con inflamación crónica, un fenómeno cada vez más común en la sociedad moderna.

Estudios y comparaciones preocupantes

El científico argentino Marcelo Rubinstein aporta otra perspectiva mediante experimentos con ratones genéticamente modificados para perder la sensación de saciedad. Estos animales comen sin descanso, incluso sin alimentos atractivos, y desarrollan obesidad y enfermedades en poco tiempo. Según el especialista, algo similar sucede en los humanos, no por una mutación genética, sino por la constante exposición a alimentos ultraprocesados que alteran las hormonas y confunden al cerebro sobre cuándo detener el consumo.

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Rubinstein también establece un paralelismo polémico: la transformación de la hoja de coca en cocaína y el proceso industrial del jarabe de maíz de alta fructosa. Mientras la primera se convirtió en droga altamente adictiva, el maíz derivó en un jarabe refinado y omnipresente en la industria alimentaria. El investigador sostiene que, aunque el azúcar no destruye el cerebro como la cocaína, lo seduce con más intensidad y altera los mecanismos de recompensa. Un metaanálisis de 2013 citado en su investigación muestra que incluso los ratones arriesgan su seguridad al buscar azúcar, lo que refleja el poder de esta sustancia sobre la conducta.

Consecuencias a largo plazo

El impacto del consumo elevado de azúcar no se limita al aumento de peso. Según Lustig, el exceso de fructosa provoca hígado graso, resistencia a la insulina, prediabetes y, finalmente, diabetes tipo 2. Además, los ácidos grasos libres y los triglicéridos pueden duplicarse o triplicarse en pocos días de alto consumo, dañando directamente las arterias.

Los especialistas coinciden en que el azúcar ofrece un placer inmediato, pero con consecuencias graves a largo plazo. Consideran que se trata de uno de los factores centrales en la crisis de malnutrición y obesidad que enfrenta el mundo y que requiere medidas urgentes de prevención, educación y regulación.

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