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Durante décadas, al oriente del Estado de México le dijeron “periferia”, como si vivir fuera del centro fuera un pecado. Sus calles saturadas, sus puentes colapsados y sus rutas imposibles no eran casualidad: eran resultado de años de abandono sistemático. Hoy, esa historia comienza a cambiar. El anuncio de la construcción y ampliación de 20 puentes vehiculares en la zona oriente no es una simple obra de infraestructura: es una declaración de justicia territorial.

Con una inversión de 4,800 millones de pesos entre 2025 y 2027, el Gobierno de México, encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, y el del Estado de México, liderado por Delfina Gómez Álvarez, están dejando claro que el desarrollo ya no puede ser privilegio de unos cuantos municipios del centro o del norte. El crecimiento tiene que llegar a todos, y sobre todo, a quienes más lo necesitan.

Los nuevos puentes en Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Ixtapaluca, La Paz, Texcoco, Valle de Chalco, Chalco, Ecatepec y Tlalnepantla no solo resolverán el tránsito diario de millones de personas; también representan un mensaje político claro de que el oriente existe, importa y merece inversión pública del más alto nivel.

Mientras en gobiernos anteriores la respuesta era saturar la región de unidades concesionadas y parches viales, ahora se habla de distribuidores viales modernos, pasos a desnivel, acceso digno a circuitos metropolitanos y puentes estratégicos que permitirán una movilidad más segura, más rápida y menos contaminante.

Este componente de conectividad forma parte de un plan integral de más de 75 mil millones de pesos, que no solo busca dignificar la infraestructura, sino también garantizar salud, vivienda, agua potable, transporte público y educación para más de 10 millones de mexiquenses. Es un cambio de visión: de ver al oriente como un problema urbano, ahora se le reconoce como lo que es: un motor social y económico indispensable para el Valle de México.