Órale Politics! – Crimen organizado en Guanawashington: 3historias3

Y bueno, pues aquí aprendiendo a vivir con el crimen organizado en Guanawashington, como tantas otras ciudades y pueblos de nuestro amado México mágico. No debería ser así. Mientras los gringos ya legalizaron la marihuana y se meten de manera cotidiana hasta lo que no por las venas, nariz y otros lados, nosotros debemos aprender a quedarnos callados, voltear para el otro lado, enterrar a nuestros muertos y soportar una gruesa nata de podredumbre, corrupción, mentiras cínicas y locura generalizada. Tarde o temprano este cáncer del crimen organizado les pegará al más puro estilo del full metal jacket a los gringos, de eso podemos estar seguros. And you can quote me on that… A continuación tres historias típicas ya de esta gran ciudad.

ELLA ERA MUY CUIDADOSA

A mi sobrina la conocimos desde chiquilla, una nena muy lista y muy tierna. Cuando creció yo creo que se cansó de andar de jodida. Poco a poco se juntó con malas amistades o como decimos aquí: se juntaron la torta con las ganas de comer. De repente ella empezó a vestir fino, a tomar puro Don Julio Cristal, a comprarle cosas buenas a sus papás. Ella hacía de su vida lo que quería y así nos lo hizo ver. Tenía unas camionetotas bien chulas y casas por todo Guanawashington. Siempre ella muy guapa, perfumada y elegante.

Un día se le acercaron los muchachos de Jalisco. Le dijeron que las cosas ya estaban cambiando en la localidad y que le daban la oportunidad de que trabajase para ellos. Ella les dio las gracias y les dijo que así como estaba, estaba muy a gusto. Ella nos platicó (a nosotros, pero no a sus papás) que ya sabía que sus días estaban contados. Que de todas maneras, si se cambiaba de bando, la pelona también se la iba a llevar. La única diferencia era que los locales también harían cagada a su familia, mientras que con los de Jalisco pus todo era parte del negocio y difícilmente le harían algo a sus papás.

Ella era muy cuidadosa, cargaba siempre un fierro en su bolsa de mano. Un día ella iba saliendo de su casa en su camionetota cuando ni tiempo le dieron de nada y la cosieron a balazos, junto con una amiga que la había ido a visitar e iba sentada junto a ella. A mi sobrina poco después le hallaron una casa llena de aparatos eléctrónicos, pero llena a reventar. Hubo otras casas que nunca supimos de qué estaban llenas, ya que la policía se encargó de llevarse las cosas, pero también estaban llenas a reventar. En una de sus casas hallaron a dos muertitos maniatados, ya medio podridos. Luego se supo que también la sobrina le entraba al secuestro y así por el estilo.

SICARIO AMIGO

La escena se desarrolla en una carnicería fifí de Guanawashington, con unos 30-40 clientes gastando felices sus billetes en productos cárnicos de buena calidad…

Él – (Poniendo su linda cara a 1-2 centímetros de la mía) ¡Puto! ¡Pendejo! ¡Joto!

Yo – Con calma, amigo. Te están grabando las cámaras de vigilancia…

Él – ¡Me vale madres! ¡Pinche puto!

Yo – ¿Cuál dices que fue el problema?

Él – Pasaste junto a mí y me pegaste con tu hombro. ¡Chinga tu madre!

Yo – Mira, nada más fue un rozón…

Él – ¡Pinche pendejo! También me rompiste los huevos…

Yo – Yo no vi nada de huevos rotos, pero no hay problema. Tráeme los huevos que dices que te rompí y con gusto los repongo en cuanto pase aquí, con el carnicero que me toca. Aunque primero tengo que comprar mi carne, ¿eh?

Él – ¡Hijo de tu rechingada madre! ¡Chinga tu reputa madre!

Yo – Compermiso, ya me toca pasar con el carnicero. (Y paso con el carnicero rogándole al Supremo que el perro este no tenga una fusca por ahí escondida, ya que le iba a dar la espalda…)

Yo – ¿Me da por favor medio de aguayón, tres cuartos de costilla de res, un pollo partido en ocho y unos tres chamorros?

El carnicero – (Viendo de reojo y con desdén al sicario amigo) Éste le debería dar gracias a dios que hoy amaneció vivo.

Al final me despedí cordialmente del carnicero y la pesadilla de 1.95 metros y 130 kilos ya no estaba ahí.

SIN SONREÍR POR FAVOR…

– A ver, ¿platíqueme por favor cómo estuvo eso de lo de la foto?

– ¡Ah! Esa es una buena transa, los jefes son poca madre.

– Dígame.

– Mire, cada dos o tres meses el comandante me manda hablar, me dice que le junte a los compas pala foto.

– ¿Para la foto que sale en los periódicos, en primera plana?

– ¡Sí esa!

– ¿La foto donde salen varios delincuentes con los ojos tapados para no violar los derechos humanos de nadie y que dicen que son puros miembros del crimen organizado recién atrapados en operativos estrella?

– Ja, ja… ¡Sí, esa mamada de los derechos humanos y todo lo demás!

– ¿Entonces?

– Pus nada, entonces yo jalo a mis cuates. A veces 20, 25 o 30, dependiendo de lo que diga el comandante. Nos vamos allá, a los separos policiacos y entonces todos listos para la foto. Uno por uno, con los brazos atrás, en la espalda. Nomás nos dicen que por favor sin sonreír… Y es que, pus bueno, los compas andan en el chemo, el chamo y esas cosas y pus siempre se les sale una carcajada o hasta un pedo…

– Ok, entonces les toman la foto y qué pasa después, ¿cuánto les pagan?

– A mí me pasan $300 por cabeza, pero yo nomás les paso a los compas $100 a cada uno. Después de todo yo soy el que consigue el jale. Hace poco me enteré que al comandante le pasan $1200 por cabeza, ¿qué cabrón, no? Pinche comandante.

– Sí, se pasa de cabrón el comandante.

– Y luego salió bien delicado el güey. La última vez me regañó que porque ya ni la amolábamos. Que salíamos con la misma ropa en todas las fotos, que parecíamos retratos. Así que a conseguir camisetas a ver a dónde… Cuando nos presentamos, pus habíamos conseguido camisetas del PAN ¡Y n´hombre! Que se nos emputa el comandante. ¿¡Que cómo era posible!? ¿¡Que a quién se le ocurría!? ¡Que ya ni la chingábamos!

– Ja, ja… ¿y luego?

– No, pus por ahí salió la señorita de siempre, la que usa minifaldas y no deja el chicle ni para ir al baño, que ella lo fotochopiaba y que ya con eso. En esa ocasión nomás me dio $200 por compa. Yo ya quiero desafanarme, pero el comandante nos tiene bien agarrados del pescuezo… Luego le hago trabajitos mejor pagados, de ésos de los que no se pueden platicar.

– Vamos a dejarlo así, ¿qué le parece?

– Así lo dejamos.

De las tres historias de arriba, dos son verdaderas. Si usted nació en Suiza, regrésese para su rancho, aquí no hay nada que hacer. En serio.