Órale Politics! – La grilla de López

  1. ¡Ah los destapes priistas! Tan llenos de folklor político, traiciones amenas, fintas memorables, dictámenes cumplidos, amenazas vivas, chascarrillos malditos, decepciones ingenuas, corridos cantados, encubrimientos voraces, amistades efímeras, fotos movidas, cargadas nobles, cartas marcadas y hasta uno que otro muerto…

El más reciente es el destape hecho por el presidente mismo, el buen López. Ya puso sobre la mesa de billar las bolitas y los palitos. Pero de esto más al ratón Miguelito, por el momento recordemos los momentos más tiernos y a veces hasta espectaculares del ritual priista, de Echeverría a la fecha. Las fuentes de esta breve recopilación histórica fueron principalmente periódicos de circulación nacional y más o menos nacional. Por cierto, para aquéllos que estén interesados en echarle un vistazo referencial a las experiencias presidenciales mexicanas les recomiendo con toda confianza el sitio https://www.memoriapoliticademexico.org.

Dicha obra es creación y propiedad de la compatriota y colega guanajuatense Doralidia Carmona Dávila, misma que, como todos los intelectuales de esta inhóspita y árida tierra intelectual, hizo lo que hizo con harta enjundia y dedicación admirable. También existen textos históricos mucho más voluminosos y formales a este respecto, pero las sucesiones presidenciales priistas se prestan a muchas cosas, menos a formalidades políticas superfluas. El destape siempre fue un cotorreo de altura, siempre todo mundo le hacía al loco (y más los priistas, por supuesto) con aquello de que el partido de una u otra forma proponía al candidato o candidatos ideales y el gran dedo elector elegía de manera suntuosa y elegante… Cuando en realidad los dos eran sólo uno y uno mismo: el dedo del presidente siempre fue el dedo que determinaba para dónde, cuándo y cómo los priistas deberían saltar. Hasta que los tecnócratas se hicieron presentes (de lo que surgió un divorcio entre el partido y el gobierno) o hasta que López decidió resucitar el ritual (López es el único presidente priista que no es del PRI)…

Luis Echeverría Álvarez. Tras disputar la candidatura presidencial con Emilio Martínez Manatou ante el Dedo elector, el 8 de noviembre de 1969 Echeverría fue designado candidato del PRI a la presidencia de la República para el periodo 1970-76. Lo primero que hizo el candidato fue tratar de distanciarse del genocida Díaz Ordaz por aquello del 68. Su lema de campaña fue: “Con la Revolución y la Constitución ¡Arriba y Adelante!” Díaz Ordaz se arrepintió públicamente de su decisión. Mucho tiempo después se supo que Echeverría se convirtió en informante de la Central Intelligence Agency en plenas funciones presidenciales. (¡Ojo mi Felipe!)

José López Portillo. Amigo entrañable de Echeverría, López Portillo fue destapado por otro sátrapa de la política nacional, el terrible Fidel Velázquez el 22 de septiembre de 1975. Cuenta la leyenda que todos habían ignorado a López Portillo en la ceremonia del Grito de la Independencia tan sólo unos días antes, ya que la cargada no se aguantaba las ganas de ofrecerle su apoyo incondicional a Mario Moya Palencia, el flamante Secretario de Gobernación. La cargada cambió de parecer en cuestión de minutos y se lanzó a favor de López Portillo poco después del destape. Priistas al fin y al cabo. El candidato realiza su campaña con el lema “La solución somos todos” y gana de calle, más que nada porque no hubo oposición formal en las elecciones de ese año.

Miguel de la Madrid. López Portillo escoge como su sucesor a su ex alumno de la UNAM, Miguel de la Madrid, prácticamente por la misma razón que Echeverría lo había escogido a él: la difícil situación económica por la que atravesaba el país. La única diferencia fue que de la Madrid no era un todólogo revolucionario, como López Portillo, sino que era más buen un tecnócrata que, sin una gran experiencia política a nivel nacional, iba a ganar las elecciones en 1982 gracias a la maquinaria del PRI. En octubre de 1981, en la VI Asamblea Nacional del PRI fue proclamado candidato para el periodo presidencial 1982-1988, contra Jorge de la Vega Domínguez y Javier García Paniagua. La élite priista hizo berrinche, la línea tecnócrata nomás no les cuadraba ya desde ese entonces. Al final de su vida, de la Madrid se auto proclamó loco por motivos políticos y murió tranquilo.

Carlos Salinas. El mismo Jorge de la Vega Domínguez, ahora como presidente del PRI, anunció en septiembre de 1987 que, tras un meticuloso recorrido por todo México para conocer la voluntad de las bases, se había seleccionado a seis personajes para que se llevase a cabo una pasarela política y así escoger al candidato del PRI a la presidencia para el periodo 1988-94. Entre los seis compas se hallaba el buen Carlos Salinas, el más chavito de todos. Esta pasarela-payaso de ninguna manera significó que el método del Gran Elector hubiese desaparecido del mapa político. Los priistas de cepa y tradición volvieron a hacer berrinche, nada más que esta vez el priismo quedó mucho más dividido que seis años antes: Cuauhtémoc Cárdenas logró postularse a las elecciones presidenciales con relativo éxito, haciendo a un lado el dedazo presidencial. Aunque siempre quedará la duda de si el dedo de Salinas se destapó a sí mismo desde mediados del sexenio de su jefe. Era difícil de creer que de la Madrid controlase al 100 el proceso de la sucesión, y es que el pillín de Salinas coleccionaba Secretarios de Estado conforme avanzaba el sexenio de de la Madrid… La mayor parte de los historiadores serios consideran que la elección de Salinas fue fraudulenta. Fue cuando al inmortal Bartlett se le cayó el sistema.

Ernesto Zedillo. Su destape estuvo lleno de tragedias e intrigas. El asesinato de Estado de Luis Donaldo Colosio le abrió las puertas a la presidencia de la República. Zedillo era el coordinador de la campaña presidencial de Colosio, pero en realidad su participación fue muy pobre en la campaña. Cuenta la otra leyenda que se la pasaba en su oficina mirando a la ventana día tras día, mientras Colosio se la pasaba feliz en campaña. Zedillo ya pensaba en el retiro, con una senaduría en las manos, de preferencia. Luego vino el asesinato de Colosio y en medio de gritos y sombrerazos queda como candidato del PRI para el periodo presidencial 1994-2000. El puntero de la campaña después de la muerte de Luis Donaldo, el Jefe Diego, dejó de hacer campaña de la noche a la mañana y Zedillo comenzó a posicionarse en las encuestas. Cuando Zedillo gana la campaña presidencial opta clara y abiertamente por la sana distancia con los priistas. Ésa fue la última ruptura con el partidote. Los tecnócratas 3, los priistas de cepa 0. Zedillo le entrega la presidencia de la República a Vicente Fox, no sin antes reconocer públicamente que Fox había ganado las elecciones presidenciales, hecho inédito en la tradición priista de ejercicio del poder desde la silla presidencial. Los priistas nunca les perdonaron ni a Zedillo ni a Fox este interesante y democrático capítulo de la historia mexicana.

Enrique Peña Nieto. Aquí hay varias versiones sobre el destape del candidato Peña Nieto. Primero, que Televisa lo destapó varios años antes del destape oficial. La televisora se la pasaba transmite y transmite promocionales informales sobre Peña Nieto ante la complacencia de un IFE indiferente. Segundo, que su compadre y cuatacho, el buen Javier D. (aka Javidú de Veracrú), se la pasaba diciendo que Peña Nieto era el bueno, además de que también se la pasó canalizando a su precampaña y campaña recursos monetarios obtenidos mediante el PRI de manera no muy transparente que digamos, todo esto a partir del 2011. Tercero, la versión oficial: el 17 de diciembre de 2011 recibió la constancia como candidato único del Partido Revolucionario Institucional. En enero de 2012, Peña Nieto presenta a Luis Videgaray como coordinador general de su campaña. El 16 de marzo de 2012 Peña Nieto queda registrado formalmente como candidato a la presidencia de la alianza PRI-PVEM (¡Qué tiempos aquéllos Don Porfirio!)

Y bueno, el buen presidente López, el contemporáneo de izquierda, ha armado ya su grilla al más puro estilo priista: ¡Aquí manda el mero Dedo! ¿¡Dónde quedó la bolita!? ¡No se hagan bolas, yo los hago bolas! Tan poderoso es el Dedo que no nada más señala, sino que también no señala y convierte en presidenciables por igual a los que bailan la danza de las sillas presidenciables, señalados o no. Por un lado tenemos a los señalados: Sheinbaum y Ebrard. Por otro lado tenemos al no/no señalado: Monreal. Y también a otro no señalado, a un caballo negro en la más pura tradición priista: el actual y muy tabasqueño Secretario de Gobernación, el otro López.

Conociendo al priista López, se destapa a Sheinbaum para irla tanteando y protegiendo con el desgaste de Ebrard y Monreal en una carrera que dura tres años, que en política equivalen a tres eternidades. Con estas maniobras, en realidad al que se está protegiendo es al otro López. Éste último tendrá así el camino libre para entretejer alianzas a la sombra del Gran Elector. Este proceso se puede dar no únicamente con el otro López, sino con cualquier otro caballo negro que pueda surgir. Como Rocío, por ejemplo (Ja, ja, ja…)

En fin, aquí lo interesante es ver el papel que MORENA jugará en la elección presidencial de 2024. Lo que se ha visto en los tres primeros años de gobierno de López es que MORENA será un neo PRI, en todos los planos: obediente y dócil ante la voluntad del señor presidente. Como dicen los franceses: que todo cambie para que nada cambie…