Ser y Parecer

 

Ana Lucía Medina Galindo

 

 

«De la victimización de López, la revictimización a su esposa y otras pifias…»

 

Diversos analistas aseguran que López Obrador es un “genio de la comunicación”, ya que, no solo encausa la narrativa de su gobierno, sino que lo hace con casi todos los temas de la agenda nacional, además es el rey y señor de los distractores y del ocultamiento estratégico de la falta de capacidad para gobernar; pero graves errores demuestran que dicha estrategia no siempre es efectiva y en ocasiones se ubica muy lejos de la genialidad, errores casi siempre relacionados con su necesidad de victimizarse. López es víctima de la prensa, del círculo rojo, de los empresarios, de las clases altas, de las clases medias, de los neoliberales, de los conservadores, de los opositores… Todos los días relata cómo ha sobrevivido a los ataques de sus adversarios, su posición de víctima cansa a la audiencia y desgasta la investidura presidencial.

En comunicación política, la victimización como método estratégico debe ser utilizado poco y de forma cuidadosa, so pena de convertirse en una herramienta para que los opositores —cuando son inteligentes— obtengan muchas ganancias, ya que entre otras cosas, la victimización sostenida en el tiempo, también es sinónimo de debilidad. Sin embargo, cuando el mártir acumula poder y no hay oposición suficiente ni estrategia para detenerlo, observamos casos de éxito, suceden cuando el político víctima logra que el público objetivo sienta empatía y considere que los actos injustos también pueden o pudieron afectarlos a ellos, siendo así el receptor de múltiples beneficios, el más peligroso de ellos: no asumir ninguna responsabilidad.

El victimismo exitoso se reproduce, y es que, el siempre mártir quien suele padecer de narcisismo y egocentrismo, traslada su “yo, siempre yo” a su círculo cercano, mismo que se suma a su visión, dando origen a un grupo que hace las veces de cerco iluminado de virtud moral, legitimados para exaltar de forma exclusiva y omnipotente su elevada calidad de víctimas, y calificados para desdeñar las demandas de otras víctimas —muchas de ellas reales—, por carecer de suficiente victimización purificadora y proveniente del líder máximo; los vemos en su gabinete, en el Senado de la República, en la Cámara de Diputados, hasta en los programas de opinión y en la academia.

Muchos políticos de la historia han sido víctimas reales de los actos del pasado, de malos gobiernos, represión, encarcelamientos, de periodos de poca o nula vida democrática; la historia de López es muy lejana a esos casos reales, aun así recurre a dicho recurso para mantenerse en la queja y la atención constante; sin embargo su victimización está más cerca de la barata estrategia utilizada en el 2000 por el candidato priísta a la presidencia de México, Francisco Labastida, quién en pleno debate televisivo acusó a Vicente Fox recordando: “Me ha llamado chaparro, me ha llamado mariquita, me ha dicho la vestida, me ha dicho mandilón…” generando risas y burlas de la audiencia, y pasando a la historia como el candidato que pretendió ser víctima y se convirtió en caricatura.

Es tal la necesidad de López por aparecer como víctima, que no se limita con ser el “Labastida” de la actualidad, sino que recurre a acciones torpemente expansivas. El más reciente episodio lo protagonizó en una de sus mañaneras; buscando el martirio mediático y aprovechando la transmisión en cadena nacional, leyó el tuit de un supuesto científico, quien con insultos —que no repetiré por resultar sumamente ofensivos— atacó a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller. Por increíble que parezca, López verbalizó sin miramientos la retahíla de ofensas, y sometió a la madre de su hijo menor a una dinámica con consecuencias gravísimas que no midió, y de la cual no hubo forma de salir bien librada.

La pifia en cadena nacional, desató una ola de burlas en todas las redes sociales, viralizando el video en el que el presidente lee ofensas contra su señora esposa y las convierte en tendencia… Furioso el régimen obradorista, recurrió a una campaña en la que todos los integrantes del cerco iluminado de victimización purificadora, salieron a redes sociales a defender a la señora Beatriz de los insultos que el propio presidente popularizó.

En pocas palabras, López revictimizó a su esposa, al repetir desde el púlpito presidencial una sarta de diatribas y ultrajes, arrojando a Beatriz a la turba replicadora de sus propias palabras; pasó de víctima a victimario, ignorando el dolor y el sufrimiento de la agraviada, y todo por vivir en el martirio insostenible que lo convierte en un sádico mediático.

Ya lo decía el filósofo Bert Hellinger “Hay que cuidarse de algunas víctimas porque son muy peligrosas.”